“¡Zapataaaaa… Viveeeeeee…”, arengaba Trinidad Hernández Martínez, para levantar el ánimo a la base social de la OCEZ, que en 1994, ante la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pedía un alto a la guerra, pero a la par, iniciaba el proceso de recuperación de tierras.
En la zona Fronteriza, Don Trini como se le conocía a Trinidad Hernández Martínez, coordinaba las acciones de recuperación de predios que por decenios habían solicitado al gobierno que mantuvo oídos sordos.
“Este predio fue recuperado por la OCEZ”, rezaba las pintas en árboles y entradas de las propiedades de los finqueros de la región Fronteriza que molestos emplearon a las “guardias blancas”, para asesinar, secuestrar y torturar a miembros de la organización que dirigía Hernández Martínez.
Don Trini se daba tiempo para todo. En los primeros diálogos de paz entre el EZLN y el gobierno federal, él y sus correligionarios participaron en los cinturones civiles en San Cristóbal de las Casas.
En Comitán los militantes de la OCEZ, emulaban a los palestinos y se enfrentaron con piedras a los policías en varias ocasiones, cuando intentaban desalojarlos de los bloqueos carreteros.
En la región Fronteriza, periodistas extranjeros documentaban el accionar de la OCEZ con su programa de recuperación de tierras.
Durante varias jornadas acompañé a dos periodistas italianos, que realizaron un documental de la OCEZ, en un predio en las colindancias del parque Lagos de Colón.
Concejos rebeldes
Pasarían los meses de manera vertiginosa y don Amado Avendaño Figueroa, fue el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que llamó a las organizaciones sociales a declarar municipios autónomos en la región Fronteriza y Sierra.
Para ese entonces Hernández Martínez era miembro de la dirigencia de la Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco (Aedpch).
Las bases de la OCEZ estaban al pie de lucha y no desobedecieron el llamado de Avendaño Figueroa.
Primero fue Frontera Comalapa, donde los miembros de la OCEZ llamaron a constituir un municipio autónomo y rebelde, pero apenas iniciaba la proclama, las fuerzas policíacas dirigidas por Jorge Enrique Hernández Aguilar, empezó a reprimir a los oceístas con disparos y gases lacrimógenos.
Aun así, los oceístas continuaron con sus programa y siguieron en Chicomuselo, pero también ahí llegó Hernández Aguilar, con un grupo de paramilitares y guardias blancas armados con fusiles AK-47 y R-15 para matar a cinco militantes de la OCEZ.
Caía la tarde del 11 de enero de 1995, en la cabecera municipal de Chicomuselo y los guardias blancas se movían con libertad ante la complacencia de las corporaciones policíacas.
Los bisoños reporteros que cubrieron la masacre, fueron abordados por Hernández Aguilar, que sostenía una 9 milímetros en la mano izquierda. “Díganle a Amado que no mande la gente a morir”. Nadie de los inexpertos comunicadores encaró al repudiado funcionario estatal que amedrentaba con su pistola.
Izquierda de abajo hacia arriba
Don Trini le faltarían muchos años más para continuar en el acompañamiento nacional por la construcción de un movimiento de izquierda de “abaja hacia arriba”, como propuso el Subcomandante Marcos, en el arranque de La Otra Campaña, como emanaba la VI Declaración de la Selva Lacandona.
Pero la OCEZ que representaba se fragmentó en varias corrientes, todo por la división instrumentada desde el mismo poder, con el fin de debilitar el movimiento nacional e internacional por una “izquierda verdadera”.
En la última etapa la OCEZ que dirigía Don Trini estaba confrontada por otra fracción por la disputa de concesiones del autotransporte y todavía el 4 de julio, se desarrolló un enfrentamiento en Frontera Comalapa, con un saldo de varios lesionados y al menos seis vehículos destruidos.
Aun así, Don Trini, que emergió de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, no veía como sus enemigos a sus antiguos correligionarios, porque estaba convencido que “era posible” construir un movimiento de izquierda y mantener una alianza entre los rebeldes.
En la OCEZ DI UNOPII, que encabezaba Hernández Martínez, la izquierda revolucionaria si existía. Para él, ser de izquierda, no sólo era una posición para fingir.
Se fue Don Trini, el hombre de corazón “digno y rebelde”, que dio gran parte de su vida por construir pueblos cada vez más pueblos organizados y libres.
En la zona Fronteriza, Don Trini como se le conocía a Trinidad Hernández Martínez, coordinaba las acciones de recuperación de predios que por decenios habían solicitado al gobierno que mantuvo oídos sordos.
“Este predio fue recuperado por la OCEZ”, rezaba las pintas en árboles y entradas de las propiedades de los finqueros de la región Fronteriza que molestos emplearon a las “guardias blancas”, para asesinar, secuestrar y torturar a miembros de la organización que dirigía Hernández Martínez.
Don Trini se daba tiempo para todo. En los primeros diálogos de paz entre el EZLN y el gobierno federal, él y sus correligionarios participaron en los cinturones civiles en San Cristóbal de las Casas.
En Comitán los militantes de la OCEZ, emulaban a los palestinos y se enfrentaron con piedras a los policías en varias ocasiones, cuando intentaban desalojarlos de los bloqueos carreteros.
En la región Fronteriza, periodistas extranjeros documentaban el accionar de la OCEZ con su programa de recuperación de tierras.
Durante varias jornadas acompañé a dos periodistas italianos, que realizaron un documental de la OCEZ, en un predio en las colindancias del parque Lagos de Colón.
Concejos rebeldes
Pasarían los meses de manera vertiginosa y don Amado Avendaño Figueroa, fue el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que llamó a las organizaciones sociales a declarar municipios autónomos en la región Fronteriza y Sierra.
Para ese entonces Hernández Martínez era miembro de la dirigencia de la Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco (Aedpch).
Las bases de la OCEZ estaban al pie de lucha y no desobedecieron el llamado de Avendaño Figueroa.
Primero fue Frontera Comalapa, donde los miembros de la OCEZ llamaron a constituir un municipio autónomo y rebelde, pero apenas iniciaba la proclama, las fuerzas policíacas dirigidas por Jorge Enrique Hernández Aguilar, empezó a reprimir a los oceístas con disparos y gases lacrimógenos.
Aun así, los oceístas continuaron con sus programa y siguieron en Chicomuselo, pero también ahí llegó Hernández Aguilar, con un grupo de paramilitares y guardias blancas armados con fusiles AK-47 y R-15 para matar a cinco militantes de la OCEZ.
Caía la tarde del 11 de enero de 1995, en la cabecera municipal de Chicomuselo y los guardias blancas se movían con libertad ante la complacencia de las corporaciones policíacas.
Los bisoños reporteros que cubrieron la masacre, fueron abordados por Hernández Aguilar, que sostenía una 9 milímetros en la mano izquierda. “Díganle a Amado que no mande la gente a morir”. Nadie de los inexpertos comunicadores encaró al repudiado funcionario estatal que amedrentaba con su pistola.
Izquierda de abajo hacia arriba
Don Trini le faltarían muchos años más para continuar en el acompañamiento nacional por la construcción de un movimiento de izquierda de “abaja hacia arriba”, como propuso el Subcomandante Marcos, en el arranque de La Otra Campaña, como emanaba la VI Declaración de la Selva Lacandona.
Pero la OCEZ que representaba se fragmentó en varias corrientes, todo por la división instrumentada desde el mismo poder, con el fin de debilitar el movimiento nacional e internacional por una “izquierda verdadera”.
En la última etapa la OCEZ que dirigía Don Trini estaba confrontada por otra fracción por la disputa de concesiones del autotransporte y todavía el 4 de julio, se desarrolló un enfrentamiento en Frontera Comalapa, con un saldo de varios lesionados y al menos seis vehículos destruidos.
Aun así, Don Trini, que emergió de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, no veía como sus enemigos a sus antiguos correligionarios, porque estaba convencido que “era posible” construir un movimiento de izquierda y mantener una alianza entre los rebeldes.
En la OCEZ DI UNOPII, que encabezaba Hernández Martínez, la izquierda revolucionaria si existía. Para él, ser de izquierda, no sólo era una posición para fingir.
Se fue Don Trini, el hombre de corazón “digno y rebelde”, que dio gran parte de su vida por construir pueblos cada vez más pueblos organizados y libres.




1 comentario:
Reciban un abrazo fuerte y solidario. Don Trini, igual que Zapata, vive.
Kosa
- Un mundo mejor es posible _
--
kosa@piradio.org
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