Fredy López Arévalo
El lunes pasado me abrazó de manera afectuosa José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, líder histórico de la OCEZ, sindicado de mantener vínculos con el EPR.
-“Ya nos hicimos viejos compa”, me dijo.
Es cierto.
Él está encanecido, y las arrugas surcan su rostro, aunque su convicción es de acero, y su voz, potente, es aguda y firme, lo mismo que su discurso, coherente, fluido, muy bien hilvanado.
Son muchos años de lucha, desde que en 1983 se fundó la Organización Campesino Emiliano Zapata (OCEZ).
Desde entonces lo conocí, cuando yo era apenas era un jovenzuelo rebelde que cursaba el primer semestre en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH-UNAM), en el plantel Vallejo, allá en el Distrito Federal.
Para entonces José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, era un correoso hombre del campo, aindiado, pequeño de estatura, con su enorme sombrero, que comenzaba a despuntar como líder de la Casa del Pueblo, donde se agrupaban los tsotsiles de los Bienes Comunales de Venustiano Carranza.
Cuando él me abrazó, vino a mi mente aquél magno evento, aquélla concentración fundacional de la OCEZ, en un baldío contiguo a la Casa del Pueblo, donde solicitas campesinas atizaban hogueras para cocinar frijol -¡mucho frijol!-, en enormes ollas de barro que se sostenían de tres piedras, mientras otras molían maíz y otras más torteaban a mano enormes tortillas que luego cocían en blancos comales.
Entonces, como ahora, la lucha era por la tierra, por la vida en libertad, por el respeto de las leyes.
Ayer volví a ver a José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, leyendo en voz alta a un grupo de compañeros que lo escuchaba atento, un comunicado de solidaridad con su lucha, así como lo vi hacer hace 26 años, leyendo en voz alta las noticias sobre su movimiento en un periódico de circulación nacional, para que los demás compas, supongo analfabetas, supieran, se enterarán, de lo que se decía de ellos en ese papel que sostenía entre sus manos con gran esperanza, como que si en lo que se publicara de su lucha, en lo que trascendiera, estaba la salvación de sus propias vidas.
Y así era.
Pensé entonces, y lo vuelvo a pensar ahora, que tal vez esa era la manera en que los mayas antiguos comunicaban al resto del pueblo de las noticias que los Yosib, los escribas, inscribían en piedra, en esas estelas que colocaban en las plazas o escalinatas de sus templos, porque no es creíble que todos, nobles y plebeyos, pudiesen descifrar, entender, leer, los glifos, pictogramas y emblemas que cincelaban los hombres cultos para la posteridad.
Ayer que retorné para visitarlo de nuevo, para consultarle cómo iba su lucha, supe que la huelga de hambre que sostienen desde el lunes a medio día no ha sido en vano, que había una luz de esperanza, que el Supremo había aceptado dialogar con una comisión de comuneros de la OCEZ de Venustiano Carranza, y que ya habían algunos avances, algunos visos de entendimiento, de concordia, para solucionar sus demandas, que se concretaban en tres puntos fundamentales: la suspensión de 15 ordenes de aprehensión, proyectos productivos por alrededor de siete millones de pesos, y solución de diversas demandas agrarias.
El doctor Nemesio Ponce Sánchez, subsecretario de Asuntos Políticos, los había atendido el lunes mismo por la tarde, apenas unas horas después de iniciado el ayuno, y ya la comisión negociadora había retornado a Venustiano Carranza para consensar los acuerdos.
Ayer martes se habían incorporado a la mesa de negociaciones el subsecretario de gobierno para la zona centro, Ismael Brito Mazariegos, y el director de Gobierno, Horacio Shroelder Bejarano, y por la tarde ya se encontraban plasmando en papel la minuta de acuerdo, con la solución parcial de sus reivindicaciones: suspensión absoluta de las 15 ordenes de aprehensión, que se habían originado de la lucha agraria; adquisición de 250 hectáreas; respeto a la posesión en las ocupaciones de tierras anteriores al 2006, y contener a los propietarios para evitar hostilidades, así como aprobación de alrededor de dos millones de pesos en proyectos productivos.
José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, me dijo que en cualquier momento levantarían el ayuno, y retornarían a su comunidad, a Venustiano Carranza.
“Vamos a regresar a trabajar”, me dijo.
Inspirado en ello escribí el editorial del noticiero que conduzco en la XERA, ahora de las 13:30 a las 15:00 horas, de lunes a viernes.
Las controversias sociales por problemas de carácter agrario, siguen siendo los principales factores de inestabilidad política en Chiapas.
Un foco permanente que se apaga y se enciende, reclamando atención de carácter político, de carácter social, de carácter económico.
Es una clara señal de que persisten aún algunos rezagos que con frecuencia reactivan añejos reclamos, en el campo o la ciudad, algunos de los cuales se han radicalizado por la falta de sensibilidad política de los gobiernos en turno.
No atenderlos, no tomarlos en cuenta, no buscarles el cauce legal para la solución de las controversias, de los reclamos, lo único que provoca es que el malestar suba de tono, que la inconformidad larve enconos, descontento social, que se llegue a la manifestación pública, a los plantones, a las marchas multitudinarias, a las huelgas de hambre, a la toma de edificios, al bloqueo de carreteras, al cierre de calles, a la invasión de tierras.
Muchas de las veces se trata de conflictos que se han añejado, que se han archivado, que se han marginado, que se han ignorado, pero que siguen ahí, latentes, en espera del mejor momento, de la mejor coyuntura, para resurgir con fuerza, para recordarnos que la reforma Agraria, que el reparto de tierras, no ha concluido en Chiapas, que ese capitulo no se cierra del todo, que hay pequeños -muy pequeños- rezagos que demandan ser atendidos.
Es cosa de voluntad política, de compromiso social, de apostarle a la concreción de acuerdos, a la solución de las controversias, para que Chiapas conquiste espacios de tranquilidad, de paz social, de armonía, de desarrollo, de gobernabilidad.
Chiapas es nuestra casa común, nuestro hogar, una enorme y bella ceiba bajo cuya sombra todos debemos caber, todos debemos encontrar cobijo, para guarecernos de la lluvia, para saciarnos del hambre, para protegernos del frío.
Celebró pues, la solución parcial de los reclamos sociales, agrarios, políticos, de la Organización Campesina Emiliano Zapata (OCEZ), organización histórica que ha pagado una cuota muy alta de sangre en la lucha por recuperar lo que a ellos pertenece, lo que es de ellos, la tierra milenaria, que les titulo la Corona española, dotándolos de títulos primordiales, que reconociéndoles desde entonces la posesión de los Bienes Comunales de Venustiano Carranza.
Celebró, también, la respuesta expedita, pronta, del gobernador Juan Sabines Guerrero, que una vez más demuestra que está gobernando para todos, sin distingo de filiación política, pero sobre todo, que está atendiendo los problemas de fondo.
Celebró que Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, líder histórico de la OCEZ, haya encontrado un interlocutor valido, eficaz, con capacidad de resolución, en el doctor Nemesio Ponce Sánchez, subsecretario de Asuntos Políticos del gobierno del estado, y primerísimo operador político del gobernador Sabines Guerrero.
El lunes pasado me abrazó de manera afectuosa José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, líder histórico de la OCEZ, sindicado de mantener vínculos con el EPR.
-“Ya nos hicimos viejos compa”, me dijo.
Es cierto.
Él está encanecido, y las arrugas surcan su rostro, aunque su convicción es de acero, y su voz, potente, es aguda y firme, lo mismo que su discurso, coherente, fluido, muy bien hilvanado.
Son muchos años de lucha, desde que en 1983 se fundó la Organización Campesino Emiliano Zapata (OCEZ).
Desde entonces lo conocí, cuando yo era apenas era un jovenzuelo rebelde que cursaba el primer semestre en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH-UNAM), en el plantel Vallejo, allá en el Distrito Federal.
Para entonces José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, era un correoso hombre del campo, aindiado, pequeño de estatura, con su enorme sombrero, que comenzaba a despuntar como líder de la Casa del Pueblo, donde se agrupaban los tsotsiles de los Bienes Comunales de Venustiano Carranza.
Cuando él me abrazó, vino a mi mente aquél magno evento, aquélla concentración fundacional de la OCEZ, en un baldío contiguo a la Casa del Pueblo, donde solicitas campesinas atizaban hogueras para cocinar frijol -¡mucho frijol!-, en enormes ollas de barro que se sostenían de tres piedras, mientras otras molían maíz y otras más torteaban a mano enormes tortillas que luego cocían en blancos comales.
Entonces, como ahora, la lucha era por la tierra, por la vida en libertad, por el respeto de las leyes.
Ayer volví a ver a José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, leyendo en voz alta a un grupo de compañeros que lo escuchaba atento, un comunicado de solidaridad con su lucha, así como lo vi hacer hace 26 años, leyendo en voz alta las noticias sobre su movimiento en un periódico de circulación nacional, para que los demás compas, supongo analfabetas, supieran, se enterarán, de lo que se decía de ellos en ese papel que sostenía entre sus manos con gran esperanza, como que si en lo que se publicara de su lucha, en lo que trascendiera, estaba la salvación de sus propias vidas.
Y así era.
Pensé entonces, y lo vuelvo a pensar ahora, que tal vez esa era la manera en que los mayas antiguos comunicaban al resto del pueblo de las noticias que los Yosib, los escribas, inscribían en piedra, en esas estelas que colocaban en las plazas o escalinatas de sus templos, porque no es creíble que todos, nobles y plebeyos, pudiesen descifrar, entender, leer, los glifos, pictogramas y emblemas que cincelaban los hombres cultos para la posteridad.
Ayer que retorné para visitarlo de nuevo, para consultarle cómo iba su lucha, supe que la huelga de hambre que sostienen desde el lunes a medio día no ha sido en vano, que había una luz de esperanza, que el Supremo había aceptado dialogar con una comisión de comuneros de la OCEZ de Venustiano Carranza, y que ya habían algunos avances, algunos visos de entendimiento, de concordia, para solucionar sus demandas, que se concretaban en tres puntos fundamentales: la suspensión de 15 ordenes de aprehensión, proyectos productivos por alrededor de siete millones de pesos, y solución de diversas demandas agrarias.
El doctor Nemesio Ponce Sánchez, subsecretario de Asuntos Políticos, los había atendido el lunes mismo por la tarde, apenas unas horas después de iniciado el ayuno, y ya la comisión negociadora había retornado a Venustiano Carranza para consensar los acuerdos.
Ayer martes se habían incorporado a la mesa de negociaciones el subsecretario de gobierno para la zona centro, Ismael Brito Mazariegos, y el director de Gobierno, Horacio Shroelder Bejarano, y por la tarde ya se encontraban plasmando en papel la minuta de acuerdo, con la solución parcial de sus reivindicaciones: suspensión absoluta de las 15 ordenes de aprehensión, que se habían originado de la lucha agraria; adquisición de 250 hectáreas; respeto a la posesión en las ocupaciones de tierras anteriores al 2006, y contener a los propietarios para evitar hostilidades, así como aprobación de alrededor de dos millones de pesos en proyectos productivos.
José Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, me dijo que en cualquier momento levantarían el ayuno, y retornarían a su comunidad, a Venustiano Carranza.
“Vamos a regresar a trabajar”, me dijo.
Inspirado en ello escribí el editorial del noticiero que conduzco en la XERA, ahora de las 13:30 a las 15:00 horas, de lunes a viernes.
Las controversias sociales por problemas de carácter agrario, siguen siendo los principales factores de inestabilidad política en Chiapas.
Un foco permanente que se apaga y se enciende, reclamando atención de carácter político, de carácter social, de carácter económico.
Es una clara señal de que persisten aún algunos rezagos que con frecuencia reactivan añejos reclamos, en el campo o la ciudad, algunos de los cuales se han radicalizado por la falta de sensibilidad política de los gobiernos en turno.
No atenderlos, no tomarlos en cuenta, no buscarles el cauce legal para la solución de las controversias, de los reclamos, lo único que provoca es que el malestar suba de tono, que la inconformidad larve enconos, descontento social, que se llegue a la manifestación pública, a los plantones, a las marchas multitudinarias, a las huelgas de hambre, a la toma de edificios, al bloqueo de carreteras, al cierre de calles, a la invasión de tierras.
Muchas de las veces se trata de conflictos que se han añejado, que se han archivado, que se han marginado, que se han ignorado, pero que siguen ahí, latentes, en espera del mejor momento, de la mejor coyuntura, para resurgir con fuerza, para recordarnos que la reforma Agraria, que el reparto de tierras, no ha concluido en Chiapas, que ese capitulo no se cierra del todo, que hay pequeños -muy pequeños- rezagos que demandan ser atendidos.
Es cosa de voluntad política, de compromiso social, de apostarle a la concreción de acuerdos, a la solución de las controversias, para que Chiapas conquiste espacios de tranquilidad, de paz social, de armonía, de desarrollo, de gobernabilidad.
Chiapas es nuestra casa común, nuestro hogar, una enorme y bella ceiba bajo cuya sombra todos debemos caber, todos debemos encontrar cobijo, para guarecernos de la lluvia, para saciarnos del hambre, para protegernos del frío.
Celebró pues, la solución parcial de los reclamos sociales, agrarios, políticos, de la Organización Campesina Emiliano Zapata (OCEZ), organización histórica que ha pagado una cuota muy alta de sangre en la lucha por recuperar lo que a ellos pertenece, lo que es de ellos, la tierra milenaria, que les titulo la Corona española, dotándolos de títulos primordiales, que reconociéndoles desde entonces la posesión de los Bienes Comunales de Venustiano Carranza.
Celebró, también, la respuesta expedita, pronta, del gobernador Juan Sabines Guerrero, que una vez más demuestra que está gobernando para todos, sin distingo de filiación política, pero sobre todo, que está atendiendo los problemas de fondo.
Celebró que Manuel Hernández Martínez, “El Chema”, líder histórico de la OCEZ, haya encontrado un interlocutor valido, eficaz, con capacidad de resolución, en el doctor Nemesio Ponce Sánchez, subsecretario de Asuntos Políticos del gobierno del estado, y primerísimo operador político del gobernador Sabines Guerrero.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario