Gabriela CoutiñoArriaga, Chis. 12 febrero.- La salvadoreña Ana Margarita Aparicio, llegó a Chiapas, en la frontera sur de México, donde hace 20 años, en 1989, la novia de su hijo le decía en una carta, que Rafael Benjamín estuvo trabajando en una platanera del municipio de Huehuetán, antes de dirigirse a Estados Unidos, pero nunca más, volvió a saber de él.
Su historia es similar al grupo de 26 personas, 22 de ellas mujeres integrantes del Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos, una organización fundada hace dos años en El Salvador que buscan en los estados de Chiapas y Oaxaca, a sus hijos que emigraron en busca de mejores esperanzas de vida.
“¿Dónde está?”, “Dios mío, ayúdame, han pasado 20 años, pero dame una luz, que me permita saber que pasó con mi hijo”, clama la mujer originaria del departamento Usulután de la zona oriental de El Salvador, y jubilada del gobierno, en un altar que el sacerdote Heyman Vázquez, director de la Casa del Migrante, El Señor de la Misericordia, colocó en el albergue al celebrar una misa para brindar consuelo a las mujeres.
Otra mujer, Deisi Noemí Méndez que se unió junto con su madre anciana a la “Caminata de la Esperanza”, relata entre lágrimas que su hermana Sandra Mabel salió de su natal Sensuntepeque, departamento de Cabañas, el 4 de diciembre del 2004, hacia Estados Unidos, dejando a dos niñas pequeñas.
A Deisi Noemí, y a su madre, la agobian los remordimientos. Entre lágrimas cuentan que al año y medio que Sandra Mabel emigró, hizo una llamada telefónica por cobrar a casa de una vecina, pero por ser muy pobres, y carecer de recursos económicos, la llamada no fue recibida.
Al poco tiempo, supieron también por los vecinos que Sandra Mabel había salido en las noticias de la televisión postrada en una cama donde era atendida al parecer en México, por monjas. No saben más. Así han pasado los años. Las noches en vela, preguntándose sí está viva.
El grupo de madres salvadoreñas inició el lunes su peregrinar por los poblados de la región costa de Chiapas, y Oaxaca, ruta que habitualmente siguen los inmigrantes centroamericanos en su viaje hacia Estados Unidos.
Apoyadas por las Organizaciones no gubernamentales Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN internacional), y el grupo católico Nuestros Lazos de Sangre, Un Mundo sin Muros, las mujeres lograron que el gobierno mexicano les autorizaran una visa humanitaria para que puedan con frecuencia visitar México, y entrevistarse con las autoridades, a quienes solicitaron un informe completo de inmigrantes centroamericanos muertos, y sepultados en tumbas clandestinas.
El nudo de la muerte
Luis Perdomo de la ONGs Carecen tiene en sus registros desde que se formó el comité de madres, 293 salvadoreños desaparecidos o fallecidos en su paso por México.
En entrevista Perdomo refiere que solo en el año de 2006, murieron en México 136 salvadoreños, todos de forma violenta, “se cayeron del tren, porque se durmieron, los tiraron, por diversas causas, en accidentes de tránsito y asesinatos”.
Para Perdomo, los estados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Veracruz, es el nudo de la muerte para los centroamericanos, por los múltiples abusos, ataques a balazos, ya no solo de policías, militares, y asaltantes, ahora también de miembros de la delincuencia organizada que los secuestran, y exigen pagar a los familiares para dejarlos libres.
“El que logra pasar este nudo de la muerte, llega a Estados Unidos”, dice el representante de Carecen en El Salvador.
Perdomo informó que para el 10 de Marzo próximo, las mujeres del Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos, agendaron una reunión con el titular de la Fiscalía Especializada de Atención a Delitos contra los Migrantes del Gobierno de Chiapas, Enrique Méndez Rosas.
El funcionario, junto con otras autoridades del ayuntamiento de Tapachula, la policía federal, estatal y del Instituto Nacional de Migración (INM), se comprometió a presentar un listado con toda la posible información sobre personas centroamericanas detenidas, muertas o desaparecidas en su paso por Chiapas.
Emigrar, un escape a la pobreza
Emigrar a Estados Unidos, constituye para muchos centroamericanos un escapada a la pobreza que viven en sus países, señala Luis Ángel Nieto, sacerdote y presidente de la Fundación católica Nuestros Lazos de Sangre con sede en Estados Unidos.
Durante una celebración religiosa en el albergue El Señor de la Misericordia de Arriaga, Nieto brindó palabras de aliento no sólo a las mujeres salvadoreñas que buscan a sus hijos, sino también a los emigrantes que se encontraban en la posada dispuestos a jugarse la vida en este país de escala.
“Como sociedad y como iglesia hemos fallado, no hemos escuchado esa voz que nos dice que son las condiciones de pobreza que los ha obligado a emigrar. Su sola presencia, es un grito de rechazo a esas políticas que criminaliza la migración de sus hijos, porque el sentido de la migración es por los alimentos.
“Migrar no es un delito, no es un pecado, no es un crimen, lo que sí es un crimen, es la violación a los derechos humanos y legales de los inmigrantes, el abuso de poder las autoridades”, dijo Nieto.
A las mujeres salvadoreñas en su “Caminata de la Esperanza”, las acompañan organizaciones como el Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN), una organización de latinos en todo el mundo, una representación de todas las organizaciones de los migrantes en los Estados Unidos hispanos, un visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), así como personal del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova de Tapachula.
Este jueves la comitiva llegarán a Ixtepec Oaxaca, a la Casa del Migrante “Hermanos en el Camino”, que coordina el sacerdote Alejandro Solalinde Guerra, de la red de Casas de Migrantes en México, y coordinador de la pastoral de la movilidad humana del episcopado mexicano.




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