domingo, agosto 03, 2008

Mujer dice que estuvo injustamente encarcelada

Ángeles Mariscal

San Cristóbal de las Casas, Chis., 03 de agosto. “No se cómo decirlo, pero siento un coraje dentro de mi contra la autoridad y contra el gobierno porque nos tuvieron muchos años injustamente presos, y las mujeres presas están con sus hijos ahí adentro, encerrados todos”, relató María Delia Pérez Arizmendi, miembro de la organización La voz de El Amate, a los integrantes de la Caravana Nacional e Internacional en Solidaridad con las Comunidades Zapatistas.
Algunos de los cientos de extranjeros y mexicanos que llegaron a la entidad, no pudieron contener lágrimas de indignación ante los testimonios de los siete ex reos que apenas hace una semana fueron liberados, gracias a las movilizaciones que emprendieron cientos de simpatizantes zapatistas.
“La injusticia que sufre la gente indígena de Chiapas es dolorosa porque el gobierno empieza a inventar delitos que no se cometen, y por ser pobre no podemos contratar abogados que nos defiendan. El sistema de justicia en Chiapas y México solo se enfoca en reprimir a la gente más pobre”, explicaba Delia entre sollozo y sollozo.

Su testimonio, su coraje, el sufrimiento que mostraba, era la huella de siete años de cárcel. Originaria de la comunidad Flores Magón, un pueblo de indígenas tzotziles ubicado en el municipio Venustiano Carranza, la detuvieron sin orden de aprehensión, la torturaron a sabiendas que estaba embarazada. Dio a luz en la cárcel.

“Nosotros pobres y campesinas, no tuvimos dinero para lograr nuestra libertad. El gobierno nos pedía dinero, hay muchos ricos que son delincuentes y solo 2 o 3 meses de cárcel y ya están afuera. No se como decirlo pero siento un coraje dentro de mi contra la autoridad y contra el gobierno”, narró ante un auditorio atento.
María Delia, de 44 años, habló no solo de los presos simpatizantes zapatistas, hablo de los cientos de mujeres, la mayoría de ellas de origen campesino e indígena, que pueblan las cárceles de Chiapas.
“Ellas están con sus hijos, con sus bebes ahí adentro. Hay muchos niños que están encerrados con sus mamas, y también otros (niños) viven con sus papas porque ellos no pueden salir a trabajar para mantener a sus hijos. Por eso les pido que nos ayuden porque muchos quedaron adentro. Les ruego por los que faltan por salir, por favor no nos dejen solos”.
Explicó que son numerosos los casos de personas de las comunidades indígenas, zapatistas o no, que están siendo selectivamente reprimidas.
Los integrantes de la Caravana Nacional e Internacional en Solidaridad con las Comunidades Zapatistas también escucharon a las mujeres zapatistas del poblado La Garrucha.
Hortensia, una de ellas, les habló ya no de sus historias de sufrimiento, sino de sus sueños. “Estamos trabajando para recuperar los conocimiento de la medicina tradicional indígena, queremos convertir las plantas (medicinales) en cápsulas, pastillas, pomadas”.
La indígena tzeltal forma parte de un grupo de jóvenes promotoras en materia de salud. “Nosotras no queremos perder lo que nuestros antepasados lograron, no queremos perder esos conocimientos, sino aprender más. Estamos organizándonos para tener esa capacidad de curar con plantas y no tener que ir a comprarlas a las farmacias”, señaló.
Dijo que en este proceso las personas que conocen más, capacitan a los más jóvenes, sin embargo han visto obstaculizado este proyecto por la carencia de equipo para procesar las plantas, y materiales didácticos.
La mujer explicó que de no realizar las propias comunidades esta carrera de apropiación y desarrollo del conocimiento de la medicina tradicional indígena, las empresas farmacéuticas, algunas organizaciones de intelectuales, y los gobiernos de México y otras partes del mundo, tienen puestos sus ojos en este mismo proyecto.
Por el momento, dijo, se han logrado detener los saqueos de plantas medicinales y explotación de los curanderos indígenas, sin embargo la insistencia de grupos trasnacionales continúa.
Otros de los integrantes de la caravana se trasladaron a diferentes poblados de la selva, donde el Ejército Mexicano ha incursionado en las últimas semanas. En las reuniones, explicaron que casi con la llegada de los activistas sociales, la policía y el ejército retiró algunos de los cuarteles que tenía en puntos estratégicos, quizá como medida para ocultar temporalmente su presencia.

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