Chamic, Chis; 1 de junio.- Un hombre originario de Michoacán, que transportaba en un costal de nylon un millón de dólares, fue detenido por elementos del 15 Regimiento de Caballería Motorizada, cuando circulaba a bordo de un automóvil Jeep, con placas de San Luis Potosí.
La mala suerte de Aurelio López Bustamante, de 48 años de edad, ocurrió al encontrarse con un retén del 15 Regimiento de Caballería Motorizando, en Chamic, donde ya nada pudo hacer para tratar de huir.
Portando un sobrero, camisa a mangas de color blanco y pantalón gris, López Bustamante circulaba a bordo de un Jeep de color azul y toldo café, con placas de circulación VAL 2367, de San Luis Potosí, cuando arribó al retén militar.
De inmediato un oficial abordó a López Bustamante, que en todo momento permaneció ecuánime y sereno, mientras se desarrollo el interrogatorio.
Pero la mala suerte del michoacano ocurrió cuando el oficial se le ocurrió realizar una revisión, apelando la Ley Federal de Armas de Fuego en el interior del vehículo todo terreno.
Después de revisar la guantera, el militar se le ocurrió tocar el costal de color rojo de nylon y al sentir los fajos de los billetes, que al tacto parecían paquetes de cuadernos, trató de indagar para conocer qué es lo que realmente López Bustamante llevaba ahí.
Una pregunta más del militar dejó helado a López Bustamante que entre dientes respondió palabra inaudibles.
Para ese momento, los militares ya realizaban empezaban a liberar el costal de una correa de color blanco, para conocer qué era lo que transportaba el conductor del Jeep.
Su sorpresa fue mayúscula al ver miles de billetes de todas las denominaciones en fajillas bien cuidadas.
En segundos, los militares que realizaban la inspección sometieron al michoacano, mientras el mando castrense ordenaba tomar posiciones en los alrededores y solicitar a través de la radio, más refuerzos.
La situación por momentos era tensa en el retén. No todos los días los militares tienen el buen tino para realizar una incautación como la del sábado, pero sobre todo la tensión aumentó porque se trataba de miles de dólares.
El otro golpe del 15 Regimiento
Un hecho como el ocurrido el pasado sábado, sólo se pude comparar con el golpe que los soldados del 15 Regimiento dieron el 10 de septiembre del 2005, al detener a siete guatemaltecos, cuatro de ellos soldados, egresados de la Escuela Kaibil.
Esa ocasión los militares que acostumbran vestir de camuflaje y que tienen su sede en Comitán, interceptaron en Santa Teresa Llano Grande, a los guatemaltecos que llevaban 20 mil dólares, siete mil 635 quetzales y dos mil pesos.
Así también, 17 amas de fuego, entre fusiles y pistolas, 761 cartuchos, 29 cargadores y teléfonos celulares de México y Guatemala. A raíz de esa detención, autoridades y expertos en seguridad nacional supieron que algunos kaibiles eran parte de la estructura de algunas organizaciones armadas al servicio de los cárteles.
El traslado
Una vez tomada todas las medidas de seguridad, los militares procedieron a levantar el retén que mantenían y se enfilaron hacia Comitán, a la sede del 15 Regimiento de Caballería Motorizada.
Al caer la tarde del sábado, los mandos medios rendían cuentas a los jefes del Regimiento y daban parte de lo sucedido a la sede de la VII Región Militar, en Tuxtla Gutiérrez; a la 39 Zona Militar, en Ocosingo; y a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en la ciudad de México.
Mientras en el cuartel del 15 Regimiento se vivía momentos de tensión e incertidumbre por el decomiso, en la delegación local de la Procuraduría General de la República (PGR), el ambiente era de tranquilidad.
Al menos una hora antes del arribo del detenido, el costal de dinero y el vehículo a la sede de la PGR, una patrulla de la Policía Estatal Preventiva (PEP) tomaba medidas precautorias alrededor de la oficina federal.
El arribo a la PGR
Hacia las 21:00 horas, el ruido sordo de los vehículos Hummer se escuchó sobre la 5ª norte poniente. El chasquido de los fusiles Fal 7,62 de los militares dieron cuenta del arribo del agrupamiento a la sede de la PGR.
El primer vehículo, una camioneta con cuatro militares apareció por la pendiente, seguido por un Hummer donde viajaba López Bustamante custodiado por siete soldados con fusil en ristre.
El costal de color rojo con el millón de dólares, era trasladado en el asiento delantero del Hummer.
El Jeep de color azul, era el tercer auto de la caravana.
Los reporteros no se cesaban ni un segundo para sacar las placas de detenido, que permanecía sereno y con la ropa ligeramente húmeda por la lluvia imperante.
“¡Por favor señores permítanos!”, clamó uno de los siete soldados de la Hummer donde iba el michoacano. Para ese entonces, don Aurelio, el del perfil afilado, aun permanecía sentado en la parte trasera del vehículo castrense, pero en su rostro recién afeitado, se dibujaba la preocupación contenida de su arresto.
En segundos, al recibir la orden del militar, levantó el rostro y se incorporó de su asiento, para dar un salto al piso. Las luces de las cámaras no cesaban.
Fue entonces que se enfilo, caminando sin prisas, con las manos cruzadas, como si simulara ir esposado, hacia la puerta de la PGR. Delante de él un militar y dos más a sus espaldas con fusil a lo alto.
Sólo cuando le faltaban dar cinco pasos para alcanzar el umbral, el señor Aurelio inclinó su rostro para tratar de cubrirse con el sombrero de los flashes de las cámaras, como para decir entre si, que era suficientes.
Inmediatamente dos soldados tomaron el costal con los dólares y como si se tratara de un bulto con semillas entraron a la PGR.
En ese momento la vida del michoacano tomaba otro giro y se reescribía.



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