Nehemías Jiménez.Comitán, Chiapas; 11 de febrero.- Con atuendos de demonios, princesas, personajes mitológicos y de ficción, carros alegóricos, caravanas de indígenas tojolabales con flores, tambores, cohetes y entonando melodías tradicionales, realizaron una vez más la añeja entrada de velas y flores, que parte de El Chumis, para culminar hasta la iglesia del venerado santo San Caralampio.
Los participantes como todos los años, se reunieron en el lado nororiente, para iniciar el recorrido de varios kilómetros, pasar por el centro y llegar hasta el templo de San Caralampio.
En el camino, la caravana era esperada por una multitud de personas que alegres observaba el paso, pero otros corrían cuando eran perseguidos por los tradicionales diablitos.
Primero milagros
Hombres regordetes caminaron bajo el sol inclemente, con un solo propósito honrar al santo que llegó a esta ciudad en manos de un soldado de nombre Otero, el cual portaba una novena histórica del mártir, en donde se apreciaba al mismo hincado, mientras un romano alfanje parecía estar dispuesto a decapitarlo. Hacia arriba, San Caralampio invocaba a Dios Redentor.
Parte de la historia narra que don Raymundo Solís, vecino del barrio de La Pila, compró la novena (el librito) al militar, para luego realizar un cuadro copiando la portada del folleto, para después llevar la imagen hasta el rancho de nombre Tzeltón.
Habitantes de esta ciudad, abundan que la peste que azotó a Comitán, la viruela y la cólera, no tocaron “casualmente”, el lugar donde se veneraba la imagen del santo ortodoxo.
Fue así que los pobladores nombraron a San Caralampio, como abogado especial contra la peste y los “aires contagiosos”, y en su honor se inició la construcción de su santuario en uno de los terrenos de don Raymundo, hacía el año de 1852, mencionaron.
Después de casi 161 años de permanecer en este pueblo, la gente sigue muy fiel a San Caralampio, a quien piden y rezan por salud.




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