sábado, octubre 23, 2010

El ejemplo arrastra

Domingo Mundial de las Misiones

+Mons. Enrique Díaz Díaz

Obispo Auxiliar

Diócesis de San Cristóbal de Las Casas

“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.


Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñan a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 16-20)

Vale la pena creer en el Evangelio

“No puede uno resistirse al encanto de una vida así: por fuerza tiene que cuestionarse sobre las bases y razones de su actuar” El voluntario europeo que vino a participar de los trabajos comunitarios explica sus palabras: “Vine yo con toda la intención de ayudar a quienes sufren la marginación y la pobreza. Es muy poco lo que he aportado y lo he hecho de todo corazón. Pero es mucho más lo que he aprendido. Al principio me ponían en shock las actitudes de la comunidad. Para todo tenían que hacer oración, buscar la palabra de la Biblia. Pero cuando descubrí que no solamente son palabras, que su compromiso es en serio, que están dispuestos a compartir lo poquito que tienen, que en todo momento ponen a Dios como la razón de su vida, cuando te abren el corazón y luchan por ti que apenas te conocen… Cuando son coherentes entre lo que dicen y lo que hacen, no puede uno menos que cuestionarse por qué nosotros hemos dejado la fe y la tenemos olvidada, criticada y considerada como un retraso. Cuando contempla uno vidas así, necesariamente tiene que decir que vale la pena creer en el Evangelio”

Domingo Mundial de las Misiones

Hoy celebramos el día mundial de las Misiones y nos ponemos a contemplar a Jesús, tal y como nos lo presenta San Mateo porque así entenderemos mejor lo que significa misionar. Con frecuencia entendemos que misionar significa solamente ir a enseñar a los que no conocen a Jesús poniéndonos nosotros como maestros y ejemplos a seguir… pero misionar significa mucho más. Para iniciar, el lugar de la cita donde Jesús manifiesta su mandato es en Galilea. Y ya sabemos nosotros todo lo que significa Galilea: es el lugar y la forma que escogió Jesús para cumplir la misión encomendada por el Padre. Galilea significa el pobre y el pequeño asumido con amor. Galilea manifiesta el rechazo y los conflictos que sufrió Jesús por anunciar su evangelio. Galilea nos enseña el camino para asumir la responsabilidad de ser discípulos de Jesús. El lugar es pues Galilea pero también es el monte. Así se unen los dos polos que jalonan la misión: desde el pobre pero encaminada directa y expresamente hacia Dios; desde el marginado pero para hacerlo partícipe del mayor de los amores. No puede haber otros intereses ni otras ganancias. La misión debe estar encaminada hacia Dios, hacia su voluntad, hacia su plan de salvación: hacer de todos los hombres una gran familia donde sólo haya un Padre común de todos.

La base de la Misión

El mandato de Jesús se sustenta en una premisa que nunca podremos olvidar: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Desde este principio de su ministerio queda muy claro cuál es su poderío. Cuando los discípulos pretendieron hacer resaltar el poder de Jesús, se encontraron con un poder muy diferente al que tienen de los jefes de las naciones que las oprimen y tiranizan; su reinado está basado en el servicio: no ha venido a ser servido sino a servir; no ha venido a condenar sino a dar vida y plenitud. Ese es el Señorío de Jesús y ésta es la premisa que manifiesta a sus discípulos. Es desde esta perspectiva que los discípulos de Jesús dispersos por todo el mundo deben trabajar y esforzarse. De ningún modo la Iglesia debe actuar para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Los discípulos no debemos pedir otra cosa sino ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo es la única forma de hacer visible el Reino de Dios.

“Vayan y enseñen a todas las naciones”

El objetivo del mandato de Jesús son todos los hombres. La humanidad entera tiene la vocación radical de buscar su fuente en Dios y de encontrar en Dios el destino de su caminar. Sólo en Jesús se puede restaurar el hombre quebrantado y dividido. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad, encontrarán su paz y serán reconciliados mediante la sangre de la Cruz y nuevamente conducidos a la unidad. Lo que ya se preveía en todo el Evangelio de San Mateo ahora se hace explicito y con carácter de mandato: no puede haber exclusivismos, no puede haber privilegios, no puede haber condena para los otros pueblos por el simple hecho de ser “otros”; el plan de salvación por el que Jesús ha dado la vida implica la restauración de la hermandad universal colocada en los brazos amorosos de un solo Padre. A un mundo que deambula en la oscuridad y el pesimismo, los discípulos de Jesús deben ofrecer y contagiar su esperanza, no basados en sus propias fuerzas o en sus propios métodos, sino en el poder y fortaleza de Jesús que dando la vida y resucitando nos abre caminos nuevos para que todos los pueblos unidos sean el único pueblo de Dios.

“Enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”

La forma en la que el discípulo debe enseñar, es la misma forma en que lo hizo Jesús. Enseñaba con autoridad y no como los escribas y fariseos. Su autoridad se basada en vivir lo que enseñaba y de ahí brotaba la admiración de todas la gentes. Quizás nosotros hayamos hablado mucho y actuado poco. Por eso el mundo en que nos movemos no manifiesta los valores del Reino, sino todo lo contrario. Las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor, contradicen el proyecto del Padre y nos interpelan a un mayor compromiso a favor de la vida que nos ofrece Jesús. Hemos aprendido de Jesús que la vida se acrecienta dándola y se debilita en el egoísmo, en el aislamiento y en la comodidad. Sin embargo no logramos superar esas barreras y nos dejamos conducir por los criterios del mundo. Hoy nuevamente Jesús nos recuerda su proyecto de instaurar el Reino de su Padre y nos pide que proclamemos su evangelio y anunciemos que está llegando el Reino de los Cielos. Si nuestro anhelo de compartir brota de la experiencia, como dice San Pablo, de experimentar que estamos sumergidos en el amor de Dios y que nos envuelve el amor de Jesús, no podemos callar ni ocultar esta experiencia. Seremos testigos de amor y anunciaremos forzosamente esta riqueza que no se puede ocultar. Y lo haremos a todos los hombres sin excepciones porque el amor de Jesús sobrepasa todas las barreras y es más profundo, más elevado, más extenso y amplio que toda capacidad humana. En el Amor de Dios todos cabemos sin excepciones y si esto lo hemos experimentado no lo podemos callar.

El ejemplo arrastra

Nuestra palabra sólo será creíble cuando proclamemos el mensaje íntegro y seamos coherentes en la búsqueda de una vida plena para todos. Por eso el rostro del misionero, del discípulo, debe transparentar el don de la vida que Cristo trae para cada hombre y mujer de nuestro mundo. No podemos ni debemos mutilar el evangelio ni en su contenido ni en sus destinatarios aunque no sea comprendido. Es muy cierto que el discípulo sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañero de viaje de esta humanidad. Pero no debemos temer al fracaso o a la oscuridad porque el mismo Jesús nos hace su promesa: “Yo estaré con ustedes todos los días”. Que este día mundial de las misiones, nos convirtamos en testigos alegres, coherentes y comprometidos para dar el mismo testimonio de Jesús “para que el mundo crea”. Jesús quiere plenitud en todos los sentidos: todo su poder, todas las naciones, todo su mensaje que implica una plenitud de vida para toda la humanidad. Y no olvidemos su promesa de su presencia todos los días hasta el final de los tiempos.

Escucha, Padre Bueno, los clamores de tu pueblo y por la fuerza de tu Espíritu, concédenos que la Buena Noticia de Jesús se extienda por todo el mundo para que toda la humanidad tenga vida plena. Amén.









No hay comentarios.: