lunes, noviembre 09, 2009

Jorge Luis Espinosa presentaría libro

Leticia Sánchez

Hace apenas unos días, Jorge Luis Espinosa (Comitán, Chiapas, 1963-México, DF, 2009) todavía caminaba, tomado de la mano de su pequeña hija Alba Sofía, por las calles de Guanajuato. Aún sonreía, a veces a carcajada abierta, con los recuerdos de sus años como periodista cultural en el Festival Internacional Cervantino.

De las coberturas, claro, de las notas informativas y las presiones de los jefes por terminar a tiempo con las crónicas y las entrevistas, pero también de las noches de bohemia... Ése era Jorge Luis, el periodista admirado y respetado, pero sobre todo el amigo, al que todos querían y recordarán tras su partida.

A sus 46 años preparaba la presentación de su libro En memoria del fuego, editado por la colección de Periodismo Cultural del Conaculta.

Con gran orgullo, Jorge Luis relataba que había llegado a la ciudad de México a los 18 años, dispuesto a convertirse en periodista, vino con uno de sus hermanos desde Comitán, Chiapas, su pueblo natal, al que regresaba cada año para recorrerlo en bicicleta y volver a vivir en él la pasión por su raíz: el “vos” que siempre lo acompañaba.

Ya en la gran urbe ingresó a la Escuela Carlos Septién García desde donde emprendió el vuelo hacia el periódico Uno más Uno, ahí se forjó como uno de los más respetados reporteros culturales.

Por su trayectoria fue invitado a integrarse a la sección cultural de Milenio, en donde colaboraba hasta antes de su muerte. También formó parte del equipo de El Independiente y luego se incorporó a El Universal.

Le costó mucho trabajo tomar la decisión de dejar el diarismo para trabajar en el Fondo de Cultura Económica, al lado de su entonces directora, Consuelo Sáizar, quien lo llamó nuevamente para que la apoyara, ahora en su cargo como presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Su obsesión eran las plumas y las libretas, las tenía de todas las formas, marcas y tamaños, viajaba siempre con una libreta que se convertía en su cómplice, ahí guardaba sus reflexiones.

Se fue Jorge Luis Espinosa, un amante de la cultura, en especial de la literatura: periodista que en muchos dejó sus enseñanzas, su manera de entender el periodismo cultural como un ejercicio cotidiano cerca de creadores y artistas, de quienes trabajan a favor de la cultura.

Sorpresivamente, ayer se dio a conocer la noticia de su fallecimiento. Innumerables amigos de todas las redacciones e instituciones culturales en las que laboró acompañaron a su viuda, también reportera de Milenio, Blanca Valadez, en el último adiós al que fuera nuestro compañero.



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