Comitán, Chis; 8 de marzo.- Primero fue un chispazo que pasó imperceptible en la oscuridad de la iglesia, pero un olor a ciprés quemado, alertó a una mujer tojolabal vendedora de olotes, que todas las noches se instala en las escalinatas del templo. “¡Se está quemando San Caralampio!”, lanzó mientras caminaba presurosa, sin perder la vista en el templo, que desde el vitral salía una columna de humo negro; un taquero de la 3ª Oriente secundó a la mujer.A las 22:05 horas de la fresca noche del sábado en el barrio de La Pila, donde se erige el templo a San Caralampio, un santo de origen griego que es venerado por los comitecos y los tojolabales, tomó a los vecinos por sorpresa que creyeron que en el interior de la iglesia las llamas consumían las imágenes y muebles.
Los hermanos Herny y Johny Pérez, que se encontraban en la antiquísima casona de portales, recibieron la noticia del vendedor de tacos y no lo pensaron ni un segundo para llamar desde su teléfono móvil al servicio de emergencias justo a las 10:06.
Las parejas dejaron sus bebidas, para salir presurosas el bar hacia las escalinatas del templo desde donde observaban salir la espesa humareda que los mantenía con el Jesús o el San Caralampio en la boca.
Cristina y su esposo estaban estupefactos. “¡Siente mi corazón cómo está!”, retaba la empresaria al reportero.
Lo sorprendente fue el arribo de los cuerpos de socorro y bomberos municipales con cuatro unidades y diez elementos, así como 15 agentes de la Policía que treparon presurosos la escalera que va al campanario para apagar el siniestro que se encontraba justo en el área donde en las misas de antaño acostumbraba instalarse el coro de la iglesia.
Otro grupos de bomberos trataba de abrir la puerta del templo a puntapiés. Los minutos corrían y era urgente detectar el área del siniestro.
Para esto, varios feligreses ya se encontraba en la escalinata para pedir a los bomberos y policías que protegieran a San Caralmpio. “¡Que saquen la imagen grande..!”. Un reportero que cubría el siniestro intervino para decir que todo estaba bajo control pero la insistente mujer dijo: “Pero hay llamas aun…”.
Para las 10:40, el vitral de la fachada de la iglesia del estilo neoclásico y remodelada hace más de un lustro estaba hecho trizas y los cristales de color ámbar, negro, blanco y azul corrían con el agua sobre las escalinatas.
Un cuarto de hora antes de que iniciara el incendio, Tere Mora Trujillo y Rosalba García García, encargadas de templo con 20 y cinco años de trabajo, respectivamente habían cuidado los últimos detalles y cerrado la puerta.
Doña Rosalba en una esquina de las escalinatas no dejaba de balbucear sus oraciones, mientras que Tere recordaba en que en febrero pasado detectaron un problema en un reflector, pero reportaron el incidente a la Comisión Federal de Electricidad, que solución el desperfecto.
El posible origen del siniestro fue detectado hace 20 días, cuando vieron que el reflector que se ubicaba frente al vitral se apagaba y se encendía de manera repentina, pero los técnicos de la paraestatal que revisaron el cableado no encontraron ningún desperfecto.
El incendio, a decir de la presidenta del barrio, doña Conchita Pérez, debió ocurrir porque las ratas habrían dañado el cableado, que se encuentra a la intemperie. “¡Ay… qué susto nos llevamos!”, expresó la mujer que no dejó de agradecer a sus sobrinos Henry y Johny la oportuna llamada a los cuerpos de socorro.
Después de más de una hora de labores, los bomberos y los policías mitigaban la sed con un vaso de refresco que les obsequió doña Conchita.
En el templo, un oficial de la Policía Municipal y los encargados de cuidar la iglesia recorrían la iglesia en medio de una humareda, para ver que las 14 imágenes, entre ellas, la preciada de San Caralampio estaban intactas.
Doña Conchita sugirió que el incidente debería comunicarlo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y al ministerio público.
Un grupo de agentes establecieron un cinturón de seguridad en torno al templo, que se prolongó durante el domingo.




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