sábado, enero 31, 2009

La azarosa vida de Figueroa Mazariegos

Comitán, Chis; 30 de enero.- Azarosa y con altibajos fue la vida de don Roberto Figueroa Mazariegos, conocido con el mote de “El Chucho blanco”, que ayer escribió el último capítulo de su vida en Comitán, cuando lo encontraron muerto en una avenida del lado poniente sur.

Quienes conocieron a Figueroa Mazariegos se refrieron siempre con respeto de él : “Don Chucho”, susurraban a sus espaldas, pero cuando lo tenían enfrente lo llamaban como “Don Roberto”.

A principios de la década de los 90, cuando recién se creó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el nombre de Roberto Figueroa Mazariegos resonó por primera vez en diarios como La Jornada, Por Esto y Tabasco Hoy.

Un habitante del ejido Paso Hondo, del municipio de Frontera Comalapa, se quejó ante el organismo en contra de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), todo porque un entonces capitán y varios soldados le arrebataron un camión que compró con Figueroa Mazariegos, sólo porque se había retrazado una letra.

Pero lo peor vendría con el secuestro de su hijo Roberto Figueroa y su lamentable deceso en un accidente de motocicleta a la altura de la Central de Abasto.

Estos incidentes doblegaron a Figueroa Mazariegos, pero no lo tiraron.

Y 12 años después tuvo que enfrentar un proceso penal que lo llevó a la prisión de “El Altiplano”, como se le conocía a “La Palma”, ubicada en el estado de México.

Quedaba pues escrito en la historia el nombre de Roberto Figueroa Mazariegos, como el primero y quizá el único comiteco que ha sido huésped de “La Palma”.

Un abogado de la ciudad de México consiguió el traslado de Figueroa Mazariegos del penal de máxima seguridad a “Cerro Hueco”, en Tuxtla Gutiérrez y al cerrarse esta prisión, fue enviado a “El Amate”, en Cintalapa.

En junio del 2005, recobró su libertad y en su casa, entonces ubicada en el barrio de La Cueva fue recibido con mariachis.

El empresario estaba feliz por su retorno a su casa, después de tres años de ausencia.

De inmediato empezó a trabajar en la negociación “Autos Comitán”, del barrio de Guadalupe y durante cuatro años recuperó sus propiedades que le fueron aseguradas por la Procuraduría General de la República (PGR).

Pero finalmente el 20 de enero a las 7:30 horas, Figueroa Mazariegos se le vió por última vez en su negociación. Se había escrito el final del empresario, el finquero y el hombre que convivió con los capos más famosos de México durante un año.





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