Toño Aguilar.
La Concordia, Chis.- Yomara y Santos, dos jóvenes salvadoreños abandonaron recientemente su país, cansados de la pobreza en que vivían.
Con pocos dólares en los bolsillos, “solo pa’ comer”, los jóvenes de 22 y 19 años, se aventuran a cruzar Guatemala y México, porque dicen que su país “cada vez va de mal en peor”.
“Allá casi no conseguimos trabajo. Sabemos que es muy riesgoso y no quisiéramos alejarnos de nuestra familia, pero si no lo hacemos, nunca vamos a salir de donde estamos, queremos vivir mejor”, cuentan los dos salvadoreños aún con lágrimas en los ojos.
Para su fortuna, el coyote (guía) es también de El Salvador, quien de acuerdo a su historial, ha sido buen coyote y ha logrado “cruzar” a mucha gente de manera segura.
Tres días después, los jóvenes lograron llegar a México y en Chiapas pasan de un pueblo a otro y tratan de burlar la vigilancia policiaca-miliar, para no ser detenidos.
Los jóvenes sientesn que el camino ha sido demasiado largo y es necesario tomar un breve descanso. Pernoctar en un poblado cerca del embalse a la presa La Angostura sería lo más conveniente, porque de ahí será la siguiente partida.
La Angostura, es uno de los muchos caminos que toman miles de emigrantes, en donde pueden burlar todas las vigilancias policíacas, que se extiende por gran parte de la línea fronteriza del estado, logrando llegar hasta el centro de Chispas.
Los dos jóvenes aún no saben con precisión cual será su destino final, pero lo que si saben es que se han quedado sin dinero, lo que hace que el pesado camino sea aún más tardado, porque tienen que esperar que sus padres les envíen más dinero desde los Estados Unidos.
Pero, por conocimiento del coyote, pernoctan en el poblado más cercano al embalsadero de la presa; ahí es el lugar donde miles de emigrantes le deben la vida a esa gente que les da de comer y dormir, sin abusar de su necesidad.
Yomara y Santos están contentos porque encontraron a la persona indicada para realizar su periplo a una nueva aventura que les marcará por toda vida.
Han permanecido dos días en el lugar y es momento de proseguir con el peregrinar, “queremos lograra nuestros sueños, conocer Estados Unidos y sacar adelante a nuestra familia”.
El coyote les indica que la hora de partida es a las cuatro de la mañana, “porque a esa hora no hay mucha vigilancia”.
El lanchero ha sido contratado para llevarlos hasta el lugar más cercano a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, en donde abordarán otro vehículo que los sacará de Chiapas.
Suena el primer despertador, y todos saben que es la hora de partir. Yomara y Santos toman sus escasas pertenencias que llevan consigo para reinician su caminata y a muy pocos metros antes de llegar al embarcadero aguardan unos minutos mientras llega el lanchero.
El coyote le dice a Santos: “Carnal, porque no te vas por aya y checa si no hay nadie y yo veo de este otro lado, mientras que tu hermana nos espera aquí”,
-“Claro”- le respondió el joven migrante, mientras que su hermana le gritaba: “Tené mucho cuidado”.
Eran pocos los minutos de la separación, cuando el coyote estaba de regreso en donde permanecía a la espera Yomara.
-“¿Qué paso?”,- preguntó Yomara, “¿no hay nadie?
-“No”, le dijo el coyote, pero en un instante se lanza sobre ella para desgarle su ropa y lanzarla hacia el monte.
Pocos minuetos después, Santos llego al lugar y ya había sido demasiado tarde, su hermana había sido violada por el guía en quien habían confiado tanto.
Perplejo al ver la situación, Santos corrió de regreso al pueblo donde habían pernoctado, que para su fortuna estaba a dos kilómetros del embarcadero.
Se dirigió con el comisariado ejidal y le explicó todo, pidiendo que lo ayudaran porque su hermana aún permanecía en el lugar con su agresor.
Al llegar Santos con la ayuda, el coyote y Yomara permanecían sentados sobre una piedra.
-“¿Qué pasó amigo?”, dijo el coyote al comisariado.
-“Amigo ni que la chingada, tú sabes que pasó aquí”-
-“Sí ella es mi esposa”,-ijo el coyote señalando a Yomara.
Yomara sin poder resistir más, pego un salto y cayó en los brazos del comisariado diciendo.
-“¡No, no soy su mujer; este asqueroso me acaba de violar, ayúdeme por favor”-
En segundos, el coyote fue aprehendido por el mando de seguridad de ese lugar.
Dentro de las pertenencias del coyote fue hallada una libreta con más de cincuenta poemas escritos al parecer por él mismo, donde demostraba su facilidad para escribir, principalmente sobre temas de amor.
Yomara y Santos con sus sueños y el corazón destrozado, decidieron regresar a su país, en donde el trauma para Yomara, sería aún más difícil de borrar.
Sabían que este peregrinar les dejaría una marca en su vida, pero nunca se imaginaron de qué manera sería gravada.
El coyote fue puesto a disposición del Ministerio de Justicia y este turnó la averiguación a un juez penal, para luego procesar al violador que actualmente está recluido en el penal de Villaflores, en donde purga una condena, en agravio de la joven salvadoreña.




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