miércoles, junio 04, 2008

El sacrificio de separarse de los niños

Juan de Dios García Davish.

Arriaga, Chis.- “Se me desgarró el corazón al dejar a mis hijos, pero vale la pena si tendré para comprarles un techo donde vivan y una camita donde duerman", dijo la migrante salvadoreña Iris Esperanza López, de 20 años, mientras esperaba la salida del ferrocarril en el municipio de Arriaga, Chiapas para que la acercara a la frontera con Estados Unidos.
Con la voz entrecortada, la joven madre recordó que su hijo Brayan, en reiteradas ocasiones le suplicó que no se fuera.

"Voy a juntar dinero y te voy a mandar muchos juguetes", le dijo para calmarlo y tratar de justificar su decisión de emigrar al norte en busca de mejores condiciones de vida.
Luego de un mes de pensarlo, una y otra vez, Iris decidió dejar encargados con la abuela materna a sus hijos Brayan José e Ingrid Alexandra, de tres y año y medio, respectivamente. El pasado lunes, la mujer decidió emprender el peligroso viaje subida en el ferrocarril.

"El viaje ha sido muy difícil. He tenido que caminar para rodear las casetas de migración, comiendo lo único que se encuentra en el camino, mango, jocote y durmiendo en el monte, gracias a Dios no me han asaltado", indicó la joven mujer, nativa de Jucuapa, Usulután
-¿Vale la pena dejar a tus hijos?-
-¡Claro que sí!, Responde de inmediato. Voy a sacrificarme para que ellos tengan un techo donde vivir, una camita donde dormir. No les voy a dar riquezas, pero voy a esforzarme para que ellos estudien y tengan una vida mejor, para que no sufran privaciones, ni angustias.

Iris, quien trabajaba como ayudante en una tortillería con un sueldo de tres dólares al día, dijo que cuando llegue a Estados Unidos intentará legalizar su situación migratoria para mandar por sus dos hijos. "Quiero lo mejor para ellos" reiteró la joven.

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