miércoles, mayo 07, 2008

Coherencia Eucaristica

+ Felipe Arizmendi Esquivel

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En el reciente Congreso Eucarístico Nacional, realizado en Morelia, el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, nos insistió en asumir la dimensión social de la Eucaristía, lo cual implica que nuestra vida sea coherente con lo que recibimos en la comunión, tanto en lo personal y familiar, como en lo social, político, económico, cultural y estructural. Un legislador, juez, político, empresario, ministro, maestro, comunicador, que se dice católico pero actúa contra principios del Evangelio, no puede comulgar de la Eucaristía, porque sería una incoherencia. No es coherente con su fe en Jesucristo, si no respeta ni defiende la vida humana desde su inicio; si no actúa con justicia, verdad y solidaridad; si no le importa la doctrina de la Iglesia sobre moral sexual, bioética y justicia social.

El Sr. Iuliani, ex alcalde de Nueva York, quien públicamente se ha declarado católico, pero a favor del aborto, se acercó a comulgar, con ocasión de la visita del Papa Benedicto XVI a los Estados Unidos. Uno de los cardenales de ese país ha denunciado este hecho como indebido, pues comulgar con Cristo en la Eucaristía exige comulgar con sus criterios. El ha respondido que no se metan con su conciencia; pero se le ha dicho que eso es una incoherencia contra la fe que dice profesar.

En un programa semanal de radio que tenemos en nuestra diócesis, personas que viven en unión libre, en amasiato, o fueron casados por la Iglesia, se separaron y se unieron a otra persona, con frecuencia preguntan si pueden comulgar en la Misa.

JUZGAR
Dice Jesús: “Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él” (Jn 3,17). Es verdad. Dios quiere estar cerca de todos para salvarnos, y su obsesión no es condenar y reprochar. Sin embargo, también dice: “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos… El que guarda mis mandamientos, ése es el que me ama. El que me ama a mí, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14,15.21). Y también: “Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad… Que también ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17,17.19). Por tanto, si queremos comulgar con Cristo, hemos de obedecer su palabra, que ordena respetar la vida humana y no matar, evitar el adulterio, no robar ni cometer injusticias, ser solidarios con los pobres y no explotarlos ni despreciarlos, amar al prójimo, perdonar y no ofender a los demás. La coherencia eucarística es esforzarse por vivir según Cristo. Quien no procura comulgar con sus mandamientos, no puede comulgar.

San Pablo es muy claro: “El que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo” (1 Cor 11,27-29).

ACTUAR
El Papa Benedicto nos dice: “El culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía. Los obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado” (Sacramentum caritatis 83).

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