miércoles, abril 30, 2008

Laiza la niña del pueblo de las alfareras

Fredy Martín Pérez.

Amatenango del Valle, Chis.- Con sus delicadas manos, Laiza Gómez Jiménez, una niña indígena tzeltal de nueve años de edad, modela lagartijas, cerdos y pavos, como parte de una tradición milenaria que ha pasado de madre a hija, en este lugar, conocido como tzo'ontajal, “El pueblo de las alfareras”.
Como se ha hecho ancestralmente, Laiza acompaña a su madre al cascajal para proveerse de barro para elaborar las piezas que son vendidas en las plazas de San Cristóbal de las Casas o en la localidad con turistas nacionales y extranjeros.
La madre de Laiza y otras ocho mujeres forman parte de la cooperativa “Pas lumetic”, “La que hace del barro”, que se ha enfrentado al poderío del alcalde del Partido Revolucionario Institucional (PRI), lo que les ha provocado que les suspendan la luz en un portal de artesanías donde ofrecen sus productos.
Laiza, estudiante del tercer año de primaria, en la escuela “Efraín Aranda Osorio”, que le gustaría terminar la carretera de medicina, asegura que “le encanta” tocar el barro y darle forma a serpientes, pavos, lagartijas, cerdos…
-¿Te gustan mucho trabajar con el barro?
-Sí me gusta.
-¿Qué figura es la qué más te gusta hacer?
-Las víboras.
-Y ¿qué pieza que no has hecho te gustaría realizar?
-Una paloma.
Con el dinero que percibe por su trabajo Laiza contribuye al sostenimiento de su hogar. No es mucho, pero suficiente para abastecerse de productos de primera necesidad, mas ahora, que su madre Juana Gómez, debe aprovechar la luz del día para vender sus piezas a los turistas, porque al caer la tarde “ya no hay compradores”, cuenta.
En total, Laiza y su madre pueden tener una ganancia de entre 300 a 200 pesos en temporada vacacional, pero cuando el flujo de turistas baja, sólo alcanzan a vender entre 30 o 40 pesos al día.
Doña Juana y las demás socias de “Pas lumetic”, tienen deudas ante la Comisión Federal de Electricidad (CFE), por más de 12 mil pesos, pero para conseguir el alimento diario, Laiza le ayuda a elaborar las diminutas piezas artesanales para venderlas en San Cristóbal.
Para Laiza no es suficiente recoger el barro en el cascajal, cerca de un arroyo, deber ir a la montaña a cortar árboles de pino y roble para hacer una hoguera para cocer sus piezas que elabora y las de su madre, como lo hacen todos los tzeltales en los patios de sus casas.
Al cielo abierto, las víboras, ranas, cerdos y lagartijas se cuecen como diminutos panes, para luego pintarlos y sólo así, Laiza puede obtener recursos para ir a la escuela y ayudar al mantenimiento de su casa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo, que no todos nacimos con la suerte de tener acceso a la educacion. Pero... Los pocos que la tienen, arruinan las verdaderas historias de las persona, distorcionandolas tan solo para que les presten atencion; levantando falsos al rededor de lideres, que han tratsdo de hacer algo por la humanidad. Quitando el desorden de nuestra falta de cultura.