jueves, septiembre 15, 2011

¡No más sangre, no más Cristos asesinados!

DIOCESIS DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS
14 de Septiembre del 2011

México atraviesa horas críticas. Con una larga lista de problemas no resueltos (pobreza, exclusión, desigualdad, corrupción, impunidad, etc.); sufrimos una espiral de muerte y violencia que ha cobrado más de 50 mil muertes, en su mayoría jóvenes, muchos entre ellos migrantes centroamericanos, y con ello la aparición de cientos de huérfanos y viudas. En el corazón de muchos mexicanos y mexicanas va creciendo cada vez más el miedo, la desesperanza y la desolación.

Nos duele profundamente esta situación que atraviesa el país, en unos estados de la república más que en otros. Como seguidores de Jesús, quién tuvo compasión de las víctimas de su tiempo: mujeres, ciegos, cojos, leprosos, paralíticos, endemoniados y pecadores (cf Mc 1, 21–45), el Espíritu del Señor nos pide que no permanezcamos indiferentes ante las numerosas víctimas, muchas de ellas totalmente desconocidas, compadeciéndonos y solidarizándonos con ellas.

En este contexto, camina hacia el Sur del país la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezada por el poeta Javier Sicilia, con la intención de escuchar la voz de las víctimas tanto del sureste mexicano, como de las familias de los migrantes centroamericanos ultrajados, secuestrados y asesinados en su paso por México. El día 15 de septiembre llegarán por la tarde a San Cristóbal de las Casas. Esta caravana busca la paz y la reconciliación desde la no violencia, levantando la voz del lado de las víctimas.

Agradecemos a Javier Sicilia, a quienes le acompañan y colaboran, este signo de fraternidad hacia los que sufren y se sienten desvalidos. Valoramos su lucha pacífica y le reiteramos nuestro apoyo, expresado ya desde el 27 de mayo pasado en la Asamblea Diocesana. Las causas que impulsa este movimiento por la paz con justicia y dignidad nos congregan como un solo pueblo, más allá de diferencias ideológicas o religiosas.

La tarea que se nos presenta es enorme y de largo plazo. Entre nosotros hay miles de pobres, oprimidos y marginados; ellos son las víctimas más cercanas, los prójimos más inmediatos. Nuestra responsabilidad es dar amor y solidaridad al que sufre, trabajar con un solo corazón con quienes buscan construir vida digna para los pobres, sin distinción de lengua, credo u organización. Asumimos este reto con esperanza y con amor, no por oportunismo, sino por fidelidad a nuestra vocación desde Cristo.

Saludamos la Caravana que busca la Paz con Justicia y Dignidad y nos unimos a ella, así como a todos los hombres y mujeres que luchan por los mismos ideales. Con ellos, levantamos la voz para decir:

Basta ya de tanta violencia y crueldad, vengan de donde vengan,
basta ya de tanta sangre derramada;
basta ya de corrupción e impunidad.

Denunciamos la estructura económica, social y política de muerte que impera en el país, y que no nos permite mirar un futuro de vida para nuestro México.

Nos comprometemos a vencer nuestros miedos, a salir de nuestras indiferencias, a romper nuestros silencios, a avivar nuestra fe y a fortalecer nuestra esperanza, para ser, junto con nuestro pueblo, constructores de vida digna, de justicia y de paz.

Nos solidarizamos con las víctimas de toda esta violencia, compartimos su dolor y queremos brindarles consuelo. Reclamamos a todos los que matan y destruyen, porque en cada ser humano están asesinando un Cristo vivo.

Nos comprometemos a buscar las formas de parar esta espiral de violencia, y abrir caminos de reconciliación y buscar alternativas de vida. Optamos por la no violencia.

Nos unimos a quienes están reclamando la participación activa y vigilante de la ciudadanía, como el principal medio para crear caminos de futuro y esperanza para nuestro querido México.

Como diócesis, a la luz del Evangelio del domingo pasado (Mt 18,21-35), que nos invita a perdonar siempre, pensamos que la reconciliación y la paz tienen como cimiento la verdad y la justicia, y su culmen son el perdón y el amor. No habrá reconciliación profunda, si el gobierno, los partidos políticos, los líderes sociales, la sociedad civil y las iglesias no colaboramos para construir una nueva sociedad, donde no nos destruyamos unos a otros, donde nadie abuse de nadie, donde los pobres sean respetados en sus derechos, el primero de los cuales es el derecho a la vida. No habrá sociedad nueva, si no hay hombres y mujeres con pensamiento y corazón nuevos. La reconciliación debe darse también entre víctimas y victimarios, aunque en muchos casos los victimarios también son víctimas de la pobreza, de la falta de oportunidades y de trabajo, y también de sus jefes que los extorsionan y oprimen, obligándolos a cometer actos de barbarie. La violencia tiene muchas raíces, y contra todas ellas hemos de luchar.

Pedimos al Espíritu Santo ser capaces de construir un mejor mañana para todos, como testigos del amor de Jesús, quien entregó su vida por nosotros.

+ Felipe Arizmendi Esquivel + Enrique Díaz Díaz
Obispo de San Cristóbal de Las Casas Obispo Auxiliar de San Cristóbal Las Casas

Pbro. Fco. Javier Reyes Reyes Pbro. José Javier Avilés Arreola, SJ
Vicario de Pastoral Vicario de Justicia y Paz

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