Fredy Martín Pérez.
De los viejos del Ejido Sarabia, nadie recuerda a Casimiro Gómez. Sus abuelos dicen que vivía al pie de la zona arqueológica de Tenam Puente. Cuidaba su parcela meticulosamente, donde cultivaba mazorcas tan grandes, como ya no “las vemos ahora”.
De los años que vivió Casimiro en los terrenos de lo que fue la Finca Puente, tampoco saben, los ancianos, pero han escuchado que el hombre al dejar el sitio, se reasentó en San Juan del Valle, un lugar entre los límites de Comitán y La Trinitaria.
Lo que si están seguros los viejos de Sarabia es que cuándo Casimiro abandonó Sarabia, la mala suerte cayó en el pueblo. La abundante cosecha de maíz y frijol mermó, lo que puso en peligro la alimentación de los hombres, mujeres y niños que vivían en el sitio ubicado a 12 kilómetros al sur de Comitán.
Hace más de un siglo, un hombre podía cultivar media hectárea de tierra, y conseguía llenar la troje para sobrevivir muchos meses, pero “cuando se fue Casimiro ya no dio el maíz. Por eso empezaron a correr nuestros padres, para ver qué se iba hacer. Fueron a buscar a Casimiro y ya no vino”.
A partir de que sobrevino la desgracia, con la repentina desaparición de Casimiro Gómez, los ancianos del pueblo viajaron al pueblo de Zapaluta para pedirle consejo a los principales, que hablaban en tseltal con El Padre Eterno (Un Cristo negro), que como medida para que regresara la abundancia en la comunidad, sugirieron peregrinar desde el pueblo, a la acrópolis de la zona arqueológica de Tenam Puente, donde suponen vive el “Alma del maíz”.
“Ellos tal vez sabían dónde está el Alma del maíz. Tal vez ellos (los principales) vinieron a descubrir la entrada a la cueva donde vive el Alma del maíz”, dice un anciano de Sarabia, que señala como punto probable del refugio de la divinidad, podría ubicarse en la parte baja de la acrópolis desde donde se divisa el Valle de Comitán.
Es a partir de entonces que se inició la promesa, para peregrinar hasta la acrópolis, evento que se realiza entre el 14 al 20 de agosto, porque no hay un día exacto, para pedir porque no falte la lluvia y el maíz se siga dando.
Los habitantes de Sarabia saben que el “Alma del maíz”, sale a visitar los campos por las noches. En dos ocasiones Aurelio Gómez López ha visto salir un destello “de muchos colores”, que parte de la zona arqueológica, surca el pueblo, para desaparecer en un bosque de encinos.
Pero “N”, un difunto que “manejaba las banderas”, que identifica a las mayordomías de los pueblos, le confió a Aurelio que esa luz era “el Alma del maíz” que sale “a visitar las compañías”.
Don Aurelio trata de dilucidar y saber cómo eran los antiguos mayas que se asentaron en lo que conocemos como el ejido de Sarabia, pero solo logra a preguntar: “¿Cómo eran esos hombres? ¿Qué sabían?”.
La segunda vez que Aurelio divisó la luz que surcó el cielo, también lo vio su esposa y otro poblador. “¡Si lo miré pasar esa luz!”, le dijo su esposa. El anciano explica: “Pensé que era un avión, pero cayó ahí, nada más (señala la periferia del pueblo). Tenía muchos colores”.
Las tierras del ejido Sarabia fueron parte de la antigua Finca El Puente.
Aurelio recuerda que el dueño de la propiedad era Joaquín Giesemann, un suizo del Cantón Argau, que tenía dos hijos: Adolfo y Jorge, que luego de vivir unos años, en el lugar, optó por abandonar el sitio, porque “aquí no se daba el café”.
Fue así, que la familia suiza decidió buscar tierras “adelante de Tapachula”, donde construyó las fincas Argobia, Nueva Alemania, San Nicolás, Santa Rita, Violenta, Espinal, El Retiro.
Los mozos de Tenam fueron trasladados hasta Argovia, en 1880, para preparar las tierras, reconstruir la casona, los corredores y los secadores para el café. En ese año, Adolfo Giesemann empieza administrar la propiedad.
Es entonces que la familia Giesemann decide donar las tierras a los antiguos acasillados, pero además obsequia la imagen de la Virgen de Corazón de María, (que veneran el 22 de agosto), que la incorporan al ritual de la peregrinación al sitio donde vive el “Alma del maíz”.
Es así, como hace más de un siglo, la tradición la revivieron las familias del ejido Sarabia en la mañana del domingo, viajaron a la acrópolis de Tenam, para departir, bailar con una marimba y rendirle culto y respeto al sitio donde creen vive el “Alma del maíz”.
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