jueves, febrero 04, 2010

San Andrés Sakamch'en, ancestral punto de encuentro de pueblos elegidos

J. Manuel Hidalgo Pérez

Sakamch’en (en tzotzil peña o cueva blanca), situado a dos kilómetros al sur del San Andrés actual, cumplió las funciones de un santuario religioso importante para sus habitantes y para los peregrinos y comerciantes que pasaban por estas tierras, desde los tiempos del clásico maya. Durante este período es probable que, al igual que los pueblos del norponiente de la meseta central de los altos de Chiapas hasta las llanuras de Simojovel y Huitiupán, dependiera de la ciudad de Kukalvits, situada a escasos kilómetros de este lugar, en el actual municipio de San Juan de la Libertad, para el sistema autónomo.

Al desintegrarse Kukalvits, cada pueblo se volvió independiente, aunque más frágil en su defensa frente a las amenazas del exterior; por eso, fueron importantes el aglutinamiento de las comunidades en torno a su cabecera y la nueva organización regional de pueblos emprendida por el legendario Votán a partir de 1350 d.C. apróx. Así, antes de la conquista Sakamch’en formaba parte de la confederación de Pomtevits con nueve pueblos vecinos.



Aquí se encontraron por primera ocasión, en términos amistosos, los ministros mayas del culto y los frailes cristianos en Chiapas, en 1545, cuando el primer obispo de Chiapas, fray Bartolomé de Las Casas y sus misioneros venían de España, al pasar por ahí para llegar a la sede de su diócesis. Los tzotziles confederados celebraban ese día una gran fiesta.



Según la tradición oral, para trasladar la población del sitio maya al pueblo colonial hubo una negociación entre el apóstol San Andrés y Sakamch’en, a quien a partir de entonces llamaron “ángel”. Ambos siguieron teniendo poder; éste en la cueva y en Kukalvits y San Andrés en el templo, los dos actuando en el ánimo y en la esperanza de los pobres.



Cientos de años después, Sakamch’en sigue siendo un centro ceremonial importante y cumple un papel de primer orden durante los tiempos de peligro, como en 1974, cuando el anciano Pascual Ruiz, a nombre del pueblo imploró ayuda por el conflicto con los finqueros y opresores ladinos. Esa movilización por demandas locales coincidió con el histórico Congreso Indígena, facilitado por la diócesis de San Cristóbal de Las Casas y su obispo, Jtatic (nuestro padre) Samuel Ruíz; fue un antecedente del nuevo ciclo de resistencia y lucha iniciado en 1994, que aún no termina.



A partir de entonces, la nueva tradición indígena liberadora se enriquece con la suma de creencias mayas y católicas, formando constelaciones religiosas vivas que integran armoniosamente al individuo a su colectividad, donde los sitios sagrados juegan un papel trascendental, tal como sucede en cada uno de los pueblos de la región.



El pasado 7 de diciembre, en San Andrés Sakamch’en, estos mismos pueblos de aquella antigua confederación, conmemoraron con júbilo los 50 años de ordenación episcopal del Jtatic Samuel. Es curioso el parecido histórico entre dos acontecimientos —el de 1545 y el de 2009—, en los que son protagonistas dos obispos emblemáticos de la defensa indígena, fray Bartolomé de Las Casas y monseñor Samuel Ruiz, ambos visionarios de su tiempo.



En esta ocasión, los indígenas agradecieron las principales obras que hizo allí Jtatic Samuel, tales como el Congreso Indígena, los múltiples proyectos de beneficio colectivo, la defensa de los derechos humanos y los diálogos de paz, en su papel de mediador entre el gobierno federal y el EZLN.



Estas coincidencias históricas son un “signo de los tiempos” nuevos por venir, en los que las semillas sembradas germinarán en una “nueva sociedad de paz verdadera que será producto de la justicia, de la fraternidad y del amor”, como anunció el obispo de los pobres.


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