+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar, Diócesis de San Cristóbal de Las Casas.
“Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.
Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.
De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”. (Lc 2, 1-14)
Nacimiento tojolabal
Desde la tarde la casa ha estado llena de todos los parientes y amigos, pero todo mundo en respetuoso silencio interrumpido sólo por los murmullos de los que entran o salen, o por el cadencioso sonido de las mujeres “torteando” y el borbotear de las grandes ollas de comida. De improviso, se rompe el silencio y comienza la algarabía al anuncio de Tata Santiago: “¡Ya nació!, ¡es niño!” Y todo se transforma en ruido y felicitaciones, hombres y mujeres bebiendo y comiendo, música y alegría. El padre Ramón le pregunta a Tata Santiago: “¿Por qué tanta fiesta y tanta bulla cuando nace un niño?” Tata Santiago, con sabiduría y solemnidad de anciano, hace una larga historia de razones y termina diciendo: “Cuando nace un niño, trae su ‘corazón’. Ese corazón entra a formar parte del ‘Corazón’ de la comunidad. Su corazón no puede entrar triste al corazón de la comunidad, por eso hacemos fiesta… para que entre alegre en medio de nuestra alegría…Un niño no puede llegar ‘solitillo’ a este mundo”.
“Hoy les ha nacido”
Hoy se rompe el silencio profundo de la noche con cantos de alegría y anuncios jubilosos: “Hoy les ha nacido un Salvador”. Hoy dejamos tareas y ocupaciones, hoy dejamos tristezas y desencuentros, todos queremos ver a este Niño recién nacido. Tan igual y tan diferente a todos los niños, tan cercano que lo podemos tocar con la mano, tan parecido a nosotros que se puede confundir con cualquier hijo de vecino. Tan especial y tan común y corriente. No, tampoco el hijo de María y de José puede nacer “solitillo”, necesita el corazón de la comunidad para recibirlo, acogerlo y darle calor. Es cierto: no hubo espacio para ellos en el mesón y no encontraron acogida ni siquiera con los posibles parientes. Todo parecería oponerse para organizar un digno recibimiento. Se necesita el corazón de la comunidad para recibirlo como se merece, se necesita el calor de la paz para el que es su Príncipe; se necesita la bondad de los humildes para descubrir al que se ha hecho carne.
Corazón de comunidad
Y allá van los ángeles presurosos a buscar entre los más pobres y humildes, entre los que tengan “corazón de comunidad”, entre los que se acurrucan uno junto al otro para hacer más soportable el intenso frío, entre los que han tenido que acompañarse y apoyarse para no caer en el desprecio de quienes los miran como los “sucios y despreciables pastores de ovejas”. Y hasta ellos llega el ángel del Señor para pedir que desechen sus miedos, que ha llegado para ellos la luz, que la alegría puede llegar a su corazón. Las señales que les da: “un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”, no les hablan de los títulos que les ha anunciado, pero sí les hablan de la cercanía y del amor, de la posibilidad de un encuentro. A un niño así, con toda confianza se le acercarán, le cantarán y lo acompañarán. Y allá van a vivir su Navidad. Porque Navidad no es conmemorar el nacimiento de un personaje, ni celebrar en abstracto el misterio del nacimiento de un hombre. Es tocar y experimentar a Cristo porque “El Verbo se hizo carne” para ser tocado y amado, para dar y recibir, para participar y asumir. Y sólo el que es pobre, quien no es orgulloso, quien tiene el corazón abierto, puede dejarlo entrar a su corazón.
Encuentro con el niño
San Mateo se esfuerza en resaltar la dignidad y grandeza de este niño: es de la “casa y familia de David”, se dirige a Belén, “ciudad de David”. Es presentado a los pastores como el “Salvador”, el “Mesías”, el “Señor”, sí, muchos títulos y sin embargo la plenitud de los tiempos y el momento de ver la luz, lo sorprenden recostado en un pesebre, envuelto en humildes pañales, acariciado solamente por dos sorprendidos peregrinos, José y María, que con amor lo contemplan. Lo hace así para salir al encuentro de cada uno de nosotros. Llama a la puerta de la libertad de nuestras conciencias y pide que lo acojamos como amigo. Desea hacernos felices, llenarnos de su humanidad y de dignidad. Y esto es Navidad: el encuentro con Cristo, Persona viva que abre posibilidades de nuevos horizontes y nuevas direcciones. Cristo es la respuesta a nuestra búsqueda y la satisfacción de nuestros deseos. Necesitamos como los pastores, salir presurosos, recordar las señales, dejar nuestros orgullos y rencores, vaciarnos de ambiciones y de vicios, para presentarnos humildes ante el recién nacido. ¿Será difícil encontrarnos con Él en este día? Por buscarnos, por buscarte y por buscarme, Él está ahí, transformado en carne trémula de un niño que llora, ama y busca.
“Acércate al pesebre”
Dios-niño ha venido a nuestro encuentro y nos ha mostrado su rostro rico en gracia, misericordia y compasión. Que su venida no sea en vano, que escuchemos la voz del Verbo encarnado, que lo acojamos con ternura y amor, en nuestro corazón y en el corazón de nuestra comunidad. Busquemos a Jesús, dejémonos atraer por los cánticos celestes y por su luz que disipa nuestras tinieblas. Abramos nuestros oídos a las risas y sollozos de un niño que puede ahuyentar las tristezas y los miedos del corazón del hombre. Ha nacido niño, frágil, pequeñito, para que con confianza y ternura nos acerquemos y lo asumamos en nuestra vida. Navidad es el encuentro de cada uno de nosotros con Jesús niño que quiere vivir en el corazón de la comunidad.
Dios nuestro, Padre bueno, que has querido iluminarnos con la luz nueva de tu Verbo hecho carne, concédenos unir nuestros corazones con los de todos los hermanos en el corazón de la comunidad, para que en las pobres pajas de nuestros esfuerzos de unidad, reconciliación y paz, pueda encontrar una cuna el Niño Jesús. Amén.




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