B’JALTIK
(Muchos Caminos)
F. Darinel
El alto cielo
nos orienta con sus guiños
fulgurantes.
Levantamos
la mirada y transcribimos
su fausta telegrafía:
«¡Para el amor no hay caminos!»
Victoriano Crémer
LOS CAMINOS DE HOY
El inicio de una empresa
Son cerca de las 6 de la mañana de un día del año de 1976 ahí en la esquina que hacen la 4ª avenida poniente norte y tercera calle norte, se acaba de orillar una camioneta chevrolet azul, modelo 72, de donde desciende un joven “bien parecido”, semi-rubio, ojos verdes, de recio semblante, figura fuerte y de aproximadamente 27 años de edad, quien muy aprisa se dirige a la góndola de la camioneta y baja con prestancia unas cajas de madera que no paran de gotear un líquido blanco.
Ese joven es recibido por otro hombre maduro de tez muy blanca; igual a él, quien le inquiere con una duda muy marcada en su cara:
-¿Cuántos trajiste? –a lo que éste contesta
-lo mismo de ayer
Ese joven de semblante recio es Roberto Figueroa Mazariegos y lo que traslada en esas cajas de madera son quesos de hebra, que en Comitán les conocen como “quesillos”. Quesos que son elaborados en el rancho familiar que se encuentra en “tierra caliente”, los cuales diariamente son traídos hasta “el pueblo” porque aquí son distribuidos y vendidos prontamente, dado a que son muy apreciados, y a decir de los compradores “muy buenos”.
Ese fue la empresa que con mucho esfuerzo creció e impulsó a toda la familia Figueroa, la cual dio pie para que Don Roberto Figueroa “papá” impulsara a su familia de una clase humilde a una clase media acomodada, así como años más tarde impulsar a muchos de sus hijos a ser empresarios, ganaderos y un profesionista en contaduría pública.
Fue así y de esta forma, como Roberto Figueroa Mazariegos entró al mundo de los negocios en donde prosperó, pero también de donde surgieron duros comentarios al respecto del origen de su fortuna.
El negocio de los autos
Para mediados de los ochentas, Figueroa Mazariegos ha continuado con las labores propias de un rancho que incluyen la ganadería y la agricultura, así como continuar con el negocio de los productos lácteos. Sin embargo ha iniciado otro negocio este joven ranchero y es el de la compra y venta de autos usados, lo cual en esa época y lejos, muy lejos de la crisis del 95, resultaba muy lucrativa.
Esta empresa fue creciendo, bajo las habilidosas transacciones que realizó y que para principios de los noventas es una empresa fuerte; económicamente hablando, y grande, porque para entonces Roberto Figueroa tiene muchos clientes y no solo vende autos usados, sino que también vende autos nuevos y de la marca que sea. Además los autos no solo se venden al contado, sino que por lo próspero de la empresa ahora los vende también en pagos, en plazos que van hasta los tres años.
Es en esta época cuando Roberto Figueroa, mejor conocido como “el chucho blanco”; porque según cuentan que este apodo lo obtuvo su familia por ser de tez blanca y de carácter irascible, así como de tener fama de que en ciertos momentos de los negocios y de su vida consuetudinaria observaban posturas de abuso, lo cual era comparable con un perro agresivo, o “chucho” como se les dice en Comitán. Y comentaba que fue en esta época cuando Figueroa Mazariegos estuvo por primera vez inmiscuido en un escándalo de delito, dado a que un cliente moroso en sus pagos quien se dijo era de la población de Paso Hondo, levantó un denuncia en su contra, ya que Roberto Figueroa, según se dijo, a la manera de los míticos capos de Chicago envío a un “cobrador”, un compadre suyo, un militar de obscura fama quien intimidó y amenazó al cliente, quien por miedo de alguna manera ventiló a la luz pública este incidente.
El gran revés
Antes del primer escándalo en el que se vio envuelto Roberto Figueroa, ocurrió que cuando corría el año de 1991 en la ciudad de Comitán la noticia desagradable era saber que su único hijo varón, que tenía el mismo nombre que él, había sido raptado; plagio del cual surgieron muchas dudas porque se decía en un principio que el muchacho había logrado escapar de sus captores, o que si Roberto Figueroa había pagado por su rescate muchos millones o también se llegó a rumorar que había sido un auto secuestro, porque nadie creyó la versión de que el muchacho se lograra rescatar así como si nada y luego anduviera tan campante paseando por las calles.
A pesar de ser o no ciertas las versiones que en corrillo viajaban, Roberto Figueroa no pudo rescatar a su hijo, su “hijito” como él decía, de la cita con la muerte, su destino estaba marcado y fue en el año de 1997 cuando en un fatal accidente en motocicleta “Robertito Figueroa”, como se le conocía, perdió la vida, justo a la altura de la onceava calle sur poniente; “calle de la Central de Abasto”, esquina con el bulevar Belisario Domínguez, en donde antes existía un retorno y en donde en recuerdo a la muerte de su hijo y para mitigar su dolor, Roberto Figueroa mandó a edificar una diminuta capilla, que guarda la forma de un templo, edificación que quedó sobre la curvatura del retorno, capilla que luego se convirtió en motivo de una pugna social, porque al parecer a una persona de escasos recursos económicos que intentó hacer lo mismo sobre el camellón del bulevar en recuerdo a un familiar atropellado, le fue negado el permiso por no permitirse construir en propiedad federal. Al saber esto organizaciones sociales enardecidas destruyeron la capilla de “Robertito”, cosa que no detuvo a su padre para construir otra y otra más, hasta que el poder del dinero logró apaciguar los ánimos.
El declive
Así prosperó su negocio en tanto envejecía al lado de su dolor, pero en tanto los rumores de que pertenecía a organizaciones delictivas dedicadas al tráfico de órganos, estupefacientes y personas crecía, también crecía su capital y apoyaba y respaldaba a políticos, a los cuales recibía en una casona ubicada en el barrio “La Cueva”, lugar en donde se hallaba estacionada de forma permanente “la Ram amarilla con mascara negra”, que le había regalado a su hijo fallecido y que era el monumento perpetuo al recuerdo de “Robertito”.
Fue ahí en donde acudieron puntuales a su cita Juan Carlos Gómez Aranda, Rafael Ruíz Morales y Pablo Salazar, de quien se dijo luego lo traicionó, porque cuando sufrió el accidente aéreo y se supo le envío el jet del gobierno del estado para trasladarlo al Hospital Central Militar en la ciudad de México, se creía lo había hecho aprovechando las circunstancias para ponerlo en manos de la PGR, en tanto todas sus propiedades eran cateadas y aseguradas.
Ahí fue arraigado y cuando se restableció su salud fue arrestado junto a su hija y esposa, sin embargo estas últimas fueron absueltas por un juez federal pero Roberto Figueroa no corrió con la misma suerte, lo que generó que todos sus familiares, incluso los niños en las escuelas, fueran escondidos por el temor que prevalecía.
Cinco años de estar en prisión y transmigrar de los penales de La Palma, Cerro Hueco y El Amate, de donde salió libre para volver a su antigüo y ya sin fuerza negocio de venta de autos, así como atender los enormes ranchos que tenía desde la década de los noventas.
El fin
Los rumores de pertenecer a bandas delictivas continuaron y fue el 20 de enero, el día que Barack Obama marcó como el día de la alternancia racial en la Presidencia de los Estados Unidos, el día de San Sebastián, cuando Roberto Figueroa fue “levantado” por hombres fuertemente armados y no fue que hasta el día de hoy 30 de enero que se supo el final de Figueroa Mazariegos, un final propio de una novela de horror, un final que al parecer fue preludiado con un corrido que le fue compuesto por este hecho, porque como dicen en la sierra de Sonora, “los corridos son solo para los muertos”, justo como Daniel y sus Leopardos le cantaron años antes en homenaje póstumo a su hijo que se había adelantado a él.
Dos corridos, dos muertos, dos hombres de nombre Roberto y de apellido Figueroa, uno joven y otro viejo, y el segundo tristemente forma ya parte ahora de las interminables cifras de muertes violentas y horrorosas que son ya parte de nuestro inseguro, triste y duro acontecer.
Descanse en paz Roberto Figueroa Mazariegos.
Es cuanto.
adriancitio@yahoo.com.mx
(Muchos Caminos)
F. Darinel
El alto cielo
nos orienta con sus guiños
fulgurantes.
Levantamos
la mirada y transcribimos
su fausta telegrafía:
«¡Para el amor no hay caminos!»
Victoriano Crémer
LOS CAMINOS DE HOY
El inicio de una empresa
Son cerca de las 6 de la mañana de un día del año de 1976 ahí en la esquina que hacen la 4ª avenida poniente norte y tercera calle norte, se acaba de orillar una camioneta chevrolet azul, modelo 72, de donde desciende un joven “bien parecido”, semi-rubio, ojos verdes, de recio semblante, figura fuerte y de aproximadamente 27 años de edad, quien muy aprisa se dirige a la góndola de la camioneta y baja con prestancia unas cajas de madera que no paran de gotear un líquido blanco.
Ese joven es recibido por otro hombre maduro de tez muy blanca; igual a él, quien le inquiere con una duda muy marcada en su cara:
-¿Cuántos trajiste? –a lo que éste contesta
-lo mismo de ayer
Ese joven de semblante recio es Roberto Figueroa Mazariegos y lo que traslada en esas cajas de madera son quesos de hebra, que en Comitán les conocen como “quesillos”. Quesos que son elaborados en el rancho familiar que se encuentra en “tierra caliente”, los cuales diariamente son traídos hasta “el pueblo” porque aquí son distribuidos y vendidos prontamente, dado a que son muy apreciados, y a decir de los compradores “muy buenos”.
Ese fue la empresa que con mucho esfuerzo creció e impulsó a toda la familia Figueroa, la cual dio pie para que Don Roberto Figueroa “papá” impulsara a su familia de una clase humilde a una clase media acomodada, así como años más tarde impulsar a muchos de sus hijos a ser empresarios, ganaderos y un profesionista en contaduría pública.
Fue así y de esta forma, como Roberto Figueroa Mazariegos entró al mundo de los negocios en donde prosperó, pero también de donde surgieron duros comentarios al respecto del origen de su fortuna.
El negocio de los autos
Para mediados de los ochentas, Figueroa Mazariegos ha continuado con las labores propias de un rancho que incluyen la ganadería y la agricultura, así como continuar con el negocio de los productos lácteos. Sin embargo ha iniciado otro negocio este joven ranchero y es el de la compra y venta de autos usados, lo cual en esa época y lejos, muy lejos de la crisis del 95, resultaba muy lucrativa.
Esta empresa fue creciendo, bajo las habilidosas transacciones que realizó y que para principios de los noventas es una empresa fuerte; económicamente hablando, y grande, porque para entonces Roberto Figueroa tiene muchos clientes y no solo vende autos usados, sino que también vende autos nuevos y de la marca que sea. Además los autos no solo se venden al contado, sino que por lo próspero de la empresa ahora los vende también en pagos, en plazos que van hasta los tres años.
Es en esta época cuando Roberto Figueroa, mejor conocido como “el chucho blanco”; porque según cuentan que este apodo lo obtuvo su familia por ser de tez blanca y de carácter irascible, así como de tener fama de que en ciertos momentos de los negocios y de su vida consuetudinaria observaban posturas de abuso, lo cual era comparable con un perro agresivo, o “chucho” como se les dice en Comitán. Y comentaba que fue en esta época cuando Figueroa Mazariegos estuvo por primera vez inmiscuido en un escándalo de delito, dado a que un cliente moroso en sus pagos quien se dijo era de la población de Paso Hondo, levantó un denuncia en su contra, ya que Roberto Figueroa, según se dijo, a la manera de los míticos capos de Chicago envío a un “cobrador”, un compadre suyo, un militar de obscura fama quien intimidó y amenazó al cliente, quien por miedo de alguna manera ventiló a la luz pública este incidente.
El gran revés
Antes del primer escándalo en el que se vio envuelto Roberto Figueroa, ocurrió que cuando corría el año de 1991 en la ciudad de Comitán la noticia desagradable era saber que su único hijo varón, que tenía el mismo nombre que él, había sido raptado; plagio del cual surgieron muchas dudas porque se decía en un principio que el muchacho había logrado escapar de sus captores, o que si Roberto Figueroa había pagado por su rescate muchos millones o también se llegó a rumorar que había sido un auto secuestro, porque nadie creyó la versión de que el muchacho se lograra rescatar así como si nada y luego anduviera tan campante paseando por las calles.
A pesar de ser o no ciertas las versiones que en corrillo viajaban, Roberto Figueroa no pudo rescatar a su hijo, su “hijito” como él decía, de la cita con la muerte, su destino estaba marcado y fue en el año de 1997 cuando en un fatal accidente en motocicleta “Robertito Figueroa”, como se le conocía, perdió la vida, justo a la altura de la onceava calle sur poniente; “calle de la Central de Abasto”, esquina con el bulevar Belisario Domínguez, en donde antes existía un retorno y en donde en recuerdo a la muerte de su hijo y para mitigar su dolor, Roberto Figueroa mandó a edificar una diminuta capilla, que guarda la forma de un templo, edificación que quedó sobre la curvatura del retorno, capilla que luego se convirtió en motivo de una pugna social, porque al parecer a una persona de escasos recursos económicos que intentó hacer lo mismo sobre el camellón del bulevar en recuerdo a un familiar atropellado, le fue negado el permiso por no permitirse construir en propiedad federal. Al saber esto organizaciones sociales enardecidas destruyeron la capilla de “Robertito”, cosa que no detuvo a su padre para construir otra y otra más, hasta que el poder del dinero logró apaciguar los ánimos.
El declive
Así prosperó su negocio en tanto envejecía al lado de su dolor, pero en tanto los rumores de que pertenecía a organizaciones delictivas dedicadas al tráfico de órganos, estupefacientes y personas crecía, también crecía su capital y apoyaba y respaldaba a políticos, a los cuales recibía en una casona ubicada en el barrio “La Cueva”, lugar en donde se hallaba estacionada de forma permanente “la Ram amarilla con mascara negra”, que le había regalado a su hijo fallecido y que era el monumento perpetuo al recuerdo de “Robertito”.
Fue ahí en donde acudieron puntuales a su cita Juan Carlos Gómez Aranda, Rafael Ruíz Morales y Pablo Salazar, de quien se dijo luego lo traicionó, porque cuando sufrió el accidente aéreo y se supo le envío el jet del gobierno del estado para trasladarlo al Hospital Central Militar en la ciudad de México, se creía lo había hecho aprovechando las circunstancias para ponerlo en manos de la PGR, en tanto todas sus propiedades eran cateadas y aseguradas.
Ahí fue arraigado y cuando se restableció su salud fue arrestado junto a su hija y esposa, sin embargo estas últimas fueron absueltas por un juez federal pero Roberto Figueroa no corrió con la misma suerte, lo que generó que todos sus familiares, incluso los niños en las escuelas, fueran escondidos por el temor que prevalecía.
Cinco años de estar en prisión y transmigrar de los penales de La Palma, Cerro Hueco y El Amate, de donde salió libre para volver a su antigüo y ya sin fuerza negocio de venta de autos, así como atender los enormes ranchos que tenía desde la década de los noventas.
El fin
Los rumores de pertenecer a bandas delictivas continuaron y fue el 20 de enero, el día que Barack Obama marcó como el día de la alternancia racial en la Presidencia de los Estados Unidos, el día de San Sebastián, cuando Roberto Figueroa fue “levantado” por hombres fuertemente armados y no fue que hasta el día de hoy 30 de enero que se supo el final de Figueroa Mazariegos, un final propio de una novela de horror, un final que al parecer fue preludiado con un corrido que le fue compuesto por este hecho, porque como dicen en la sierra de Sonora, “los corridos son solo para los muertos”, justo como Daniel y sus Leopardos le cantaron años antes en homenaje póstumo a su hijo que se había adelantado a él.
Dos corridos, dos muertos, dos hombres de nombre Roberto y de apellido Figueroa, uno joven y otro viejo, y el segundo tristemente forma ya parte ahora de las interminables cifras de muertes violentas y horrorosas que son ya parte de nuestro inseguro, triste y duro acontecer.
Descanse en paz Roberto Figueroa Mazariegos.
Es cuanto.
adriancitio@yahoo.com.mx




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