+ Felipe Arizmendi Esquivel
http://www.diocesisancristobal.com.mx
VER
En sintonía con el VI Encuentro Mundial de la Familia, estamos llevando a cabo, en la ciudad de México, la V Asamblea Nacional de Pastoral Indígena, con el tema “La familia indígena”. En comunión con el evento internacional, queremos aportar la palabra y la visión de los pueblos originarios. Transcribo algo de lo que se ha dicho.
¿Cuáles son algunos valores de las familias indígenas? Un gran respeto a los mayores y a los ancianos. Entre nosotros no hay asilos. Hospitalidad, solidaridad, sobre todo en los problemas. Todos cooperan para ayudar y hacer fiesta. Abuelos, padres, hijos, nietos, comparten responsabilidades en el trabajo, enfermedades y convivencias. Hay ayuda mutua en los trabajos de casa y en el campo; se busca tener un solo corazón entre todos, para que no haya enfermedad. Comemos juntos y compartimos nuestras ideas, sentimientos, sin ser motivos de enojo o de burlas. Tenemos respeto a cada uno sin importar la edad; todos colaboramos y nos pedimos favor.
El matrimonio es muy valioso y, en general, hay fidelidad. La vida se concibe como regalo de Dios; es él quien envía el nuevo ser; por eso en cada nacimiento hay mucha alegría. Cuando nace el niño, la partera ofrece velas y le reza a Dios para que tenga vida. Cuando se casan, también rezan y ofrecen sus velas para que sean felices. Cuando tienen problemas, van a la iglesia con un anciano y le piden a Dios que se resuelvan.
¿Cómo influye la globalización en las familias indígenas? Están entrando celulares, televisión, escuelas, medios de comunicación, internet, video juegos, carreteras, que, si bien ayudan a tener mejor información y comunicación, rompen la armonía familiar. La televisión muestra muchos antivalores que dañan a jóvenes, niños y hasta a los adultos (violencia, sexo, infidelidad). Internet les abre la puerta a contenidos que dañan sus valores. La escuela está destruyendo la cultura. Aprenden cosas respecto a la sexualidad que no saben manejar (condón, anticonceptivos, aborto). Con el celular, se comunican con sus amigos y amigas y hacen planes sin que se enteren sus papás.
Hay niños y jóvenes que con los estudios se sienten superiores a sus padres y ya no los respetan; hacen lo que quieren, sienten que no tienen que pedir permiso, no aceptan las orientaciones y correcciones. Prefieren los video juegos, películas, la televisión, en vez de ir a misa y a otras actividades religiosas. Ya no quieren consumir comidas tradicionales, sino cosas enlatadas, antojitos y gaseosas fabricadas por empresas extranjeras. Se han alejado de Dios y han perdido el respeto a los ancianos, a sus padres, a la naturaleza.
JUZGAR
Acaba de decir el Papa Benedicto XVI: “Jesús quiso nacer y crecer en una familia humana. Es una familia como todas las demás y, en cuanto tal, es modelo de amor conyugal, de colaboración, de sacrificio, de ponerse en manos de la Providencia, de laboriosidad y de solidaridad; es decir, de todos los valores que la familia conserva y promueve, contribuyendo de modo primario a formar el entramado de toda sociedad. La familia es ciertamente una gracia de Dios, que deja traslucir lo que él mismo es: Amor. Un amor enteramente gratuito, que sustenta la fidelidad sin límites, aun en los momentos de dificultad o abatimiento. No dejéis que el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables que unen vuestro hogar, se desvirtúen. Orad juntos. Con el gozo de vuestro compartir todo en el amor, daréis al mundo un hermoso testimonio de lo importante que es la familia para el ser humano y la sociedad” (28 enero 2009).
ACTUAR
Demos a la familia el lugar que le corresponde. Es más importante que el estudio, el trabajo, los negocios, las fiestas y las amistades. Salvemos la familia, ante tantos enemigos que la acosan. No nos dejemos engañar por quienes, so pretexto de libertad e inclusión de variados modelos de familia, la destruyen en su naturaleza fundamental. La familia es como Dios la hizo, no como la quieren hacer los que hacen dioses a sus pasiones e instintos. Busquemos caminos para una pastoral familiar indígena, adecuada a sus cambiantes circunstancias.
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En sintonía con el VI Encuentro Mundial de la Familia, estamos llevando a cabo, en la ciudad de México, la V Asamblea Nacional de Pastoral Indígena, con el tema “La familia indígena”. En comunión con el evento internacional, queremos aportar la palabra y la visión de los pueblos originarios. Transcribo algo de lo que se ha dicho.
¿Cuáles son algunos valores de las familias indígenas? Un gran respeto a los mayores y a los ancianos. Entre nosotros no hay asilos. Hospitalidad, solidaridad, sobre todo en los problemas. Todos cooperan para ayudar y hacer fiesta. Abuelos, padres, hijos, nietos, comparten responsabilidades en el trabajo, enfermedades y convivencias. Hay ayuda mutua en los trabajos de casa y en el campo; se busca tener un solo corazón entre todos, para que no haya enfermedad. Comemos juntos y compartimos nuestras ideas, sentimientos, sin ser motivos de enojo o de burlas. Tenemos respeto a cada uno sin importar la edad; todos colaboramos y nos pedimos favor.
El matrimonio es muy valioso y, en general, hay fidelidad. La vida se concibe como regalo de Dios; es él quien envía el nuevo ser; por eso en cada nacimiento hay mucha alegría. Cuando nace el niño, la partera ofrece velas y le reza a Dios para que tenga vida. Cuando se casan, también rezan y ofrecen sus velas para que sean felices. Cuando tienen problemas, van a la iglesia con un anciano y le piden a Dios que se resuelvan.
¿Cómo influye la globalización en las familias indígenas? Están entrando celulares, televisión, escuelas, medios de comunicación, internet, video juegos, carreteras, que, si bien ayudan a tener mejor información y comunicación, rompen la armonía familiar. La televisión muestra muchos antivalores que dañan a jóvenes, niños y hasta a los adultos (violencia, sexo, infidelidad). Internet les abre la puerta a contenidos que dañan sus valores. La escuela está destruyendo la cultura. Aprenden cosas respecto a la sexualidad que no saben manejar (condón, anticonceptivos, aborto). Con el celular, se comunican con sus amigos y amigas y hacen planes sin que se enteren sus papás.
Hay niños y jóvenes que con los estudios se sienten superiores a sus padres y ya no los respetan; hacen lo que quieren, sienten que no tienen que pedir permiso, no aceptan las orientaciones y correcciones. Prefieren los video juegos, películas, la televisión, en vez de ir a misa y a otras actividades religiosas. Ya no quieren consumir comidas tradicionales, sino cosas enlatadas, antojitos y gaseosas fabricadas por empresas extranjeras. Se han alejado de Dios y han perdido el respeto a los ancianos, a sus padres, a la naturaleza.
JUZGAR
Acaba de decir el Papa Benedicto XVI: “Jesús quiso nacer y crecer en una familia humana. Es una familia como todas las demás y, en cuanto tal, es modelo de amor conyugal, de colaboración, de sacrificio, de ponerse en manos de la Providencia, de laboriosidad y de solidaridad; es decir, de todos los valores que la familia conserva y promueve, contribuyendo de modo primario a formar el entramado de toda sociedad. La familia es ciertamente una gracia de Dios, que deja traslucir lo que él mismo es: Amor. Un amor enteramente gratuito, que sustenta la fidelidad sin límites, aun en los momentos de dificultad o abatimiento. No dejéis que el amor, la apertura a la vida y los lazos incomparables que unen vuestro hogar, se desvirtúen. Orad juntos. Con el gozo de vuestro compartir todo en el amor, daréis al mundo un hermoso testimonio de lo importante que es la familia para el ser humano y la sociedad” (28 enero 2009).
ACTUAR
Demos a la familia el lugar que le corresponde. Es más importante que el estudio, el trabajo, los negocios, las fiestas y las amistades. Salvemos la familia, ante tantos enemigos que la acosan. No nos dejemos engañar por quienes, so pretexto de libertad e inclusión de variados modelos de familia, la destruyen en su naturaleza fundamental. La familia es como Dios la hizo, no como la quieren hacer los que hacen dioses a sus pasiones e instintos. Busquemos caminos para una pastoral familiar indígena, adecuada a sus cambiantes circunstancias.




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