sábado, julio 26, 2008

A la hora de escoger

XVII Domingo Ordinario

+ Enrique Díaz Díaz

Obispo Auxiliar de San Cristóbal de Las Casas

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. 

E1 Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas” (Mt 13, 44-52). 

Hongos venenosos

Dos ancianitos se debaten entre la vida y la muerte, el médico pasante hace esfuerzos desesperados para rescatarlos pero la clínica rural es un desastre. Con apenas unas cuantas medicinas y unas improvisadas sondas trata de limpiar el estómago de los ancianitos. “Es que comimos hongos y al rato empezaron a vomitar, a quejarse y a ponerse mal” explican los angustiados nietos. No son las primeras víctimas que la ignorancia o confusión provocan en la sierra mazahua. “Parecería que todos saben muy bien cuáles son comestibles y cuáles no. Es uno de sus comidas favoritas y sin embargo año con año se presentan nuevos casos, algunos fatales, de intoxicación por hongos venenosos. Hay quien quisiera prohibir el consumo y la venta de toda clase de hongos, pero son muy sabrosos y complementan su alimentación” Trata de explicar el médico. “Así como hay unos hongos que dan vida, hay otros que llevan a la muerte y qué difícil es distinguirlos”

Tesoro y perla

Aunque hemos escuchado muchas veces las parábolas de Jesús, siempre presentan alguna novedad al hacer una nueva lectura. Hoy Jesús nos habla del Reino en términos de descubrimiento y de encuentro. Se descubre “un tesoro escondido en el campo”, se descubre “una perla de gran valor”, casi como por un golpe de buena suerte, como sacarse la lotería. Solamente que adquirirlos tiene su costo: hay que renunciar a todo lo demás, hay que desprenderse de cuanto se posee; tanto el campesino como el comerciante dejan todo para adquirir “lo que es más importante”. Pero las dos pequeñas parábolas nos presentan algo que hoy parece habérsenos olvidado: llenos de alegría y a toda prisa se deshacen de lo demás para adquirir el preciado don. Es la alegría de encontrar el Reino. No como una carga que se impone, sino como una riqueza que llena y da plenitud. No necesitan nada más, no van a acumular más, ese tesoro basta para dar la plena felicidad. Encontrar a Cristo, encontrar su Reino nos llena de la verdadera alegría.

Radicalidad del Reino

Yo lo siento como un reclamo a la actitud que vivimos los cristianos actuales: descubrimos a Cristo pero no estamos dispuestos a lanzarnos a la aventura. Vivimos la gris mediocridad de sabernos bautizados y no nos arriesgamos a apostar todo a favor de Jesús. En las parábolas, el Reino no es un añadido más, sino que es todo lo que se quiere y se necesita poseer. El Reino es el único valor y hace superfluas todas las demás riquezas. Lo demás se puede suprimir, no hace falta. No se llega al Reino acumulando bienes, sino dejando todo lo que estorba. Ni el campesino ni el mercader buscan más cosas. Nosotros hacemos al revés, parece que hemos alcanzado el Reino pero buscamos puestos, seguridades, títulos o garantías. Somos calculadores y muy prudentes. No nos confiamos plenamente de Jesús y buscamos otros apoyos. Hoy Jesús nos exige tomar radicalmente su Reino. Es más hay quien toma al Reino como negocio para revenderlo, para sacarle provecho y utilizarlo. ¿Qué importancia le damos al encuentro con Jesús en nuestras vidas? ¿Es realmente un tesoro?

Escogiendo valores

Una de las más grandes desgracias de nuestro tiempo es la escala de valores que rige nuestra sociedad a la cual se apegan muchísimas personas en busca de felicidad. Una escala que nos domina y manipula. Hay quienes, con culpa o sin ella, están atrapados en el anzuelo de engañosos tesoros que los alienan y dividen. El placer, la droga, la ambición de poder, el deseo incontrolable de bienes, el alcohol, la sexualidad desenfrenada, la buena vida, y otros atractivos por el estilo, son los valores que nos mueven en la actualidad. Por estos “tesoros” estamos dispuestos a dar casi todo. O bien hay quienes teniendo ideales, luchan de una manera tan débil y tan tibia que fácilmente ceden ante cualquier problema. No se entregan plenamente y al final piensan que todo da lo mismo. Pero Jesús hoy nos asegura lo contrario. Las dos primeras parábolas de este domingo nos colocan de frente al tesoro importante y las otras dos pequeñas parábolas, no colocan en una actitud de discernimiento. “Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos” No es verdad que da lo mismo cualquier religión, no es verdad que cada quien puede vivir como quiera. Cristo nos presenta el Reino y valores como piedra de toque para nuestra vida y nos exige distinguir lo bueno y lo malo. ¿Cuáles son los valores que mueven a nuestra comunidad? ¿Cuál sería mi escala de valores? ¿En realidad mi esfuerzo y el tiempo que dedico a cada una de mis actividades corresponden a la escala ideal que me propongo?

La última parábola de apenas dos renglones nos da una actitud muy positiva en la vida: extraer lo mejor de cada momento. Hay quienes piensan que todo tiempo pasado fue mejor y se quedan anclados en el pasado; hay quienes se encandilan por cualquier novedad y parecen veletas a la espera de un viento nuevo. Cristo nos pone la comparación de un escriba sabio que va escogiendo lo mejor de cada momento. Cada etapa tiene sus valores pero es necesario escoger y actuar conforme a los valores de Jesús. Y los valores de Jesús son el Reino, el amor al prójimo, la voluntad de su padre, el perdón y el servicio. ¿Cuáles valores rescato para mi vida de lo antiguo y cuáles valores nuevos voy adquiriendo? ¿Cómo juzgo tanto lo nuevo como lo antiguo?

Dios, Padre nuestro, concédenos sabiduría para descubrir el significado y la importancia del Reino que tu Hijo anunció e inauguró entre nosotros; que lo acojamos en nuestra existencia como el tesoro más precioso, y que dediquemos a él toda nuestra vida. Amén.

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