miércoles, julio 16, 2008

Jornada Mundial de la Juventud

+ Felipe Arizmendi Esquivel
http://www.diocesisancristobal.com.mx

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Se está realizando, en Sydney, Australia, la Jornada Mundial de la Juventud. Está allá el Papa Benedicto XVI, como signo de la importancia que la Iglesia reconoce a los jóvenes. En comunión con este evento, organizamos, con indígenas y mestizos de la misión jesuita en Bachajón, un “desierto juvenil”, que es un retiro espiritual y pastoral, centrado en Cristo.

La semana pasada, estuve en comunidades tseltales de Ocosingo, celebrando el sacramento de la Confirmación, que en las tres diócesis de Chiapas se imparte a partir de los catorce años. Una madre de familia comentó las dificultades que tienen con sus hijos, que ya no hacen caso a sus padres, menosprecian las buenas costumbres de sus mayores; al emigrar por estudio y trabajo, copian vicios de la ciudad. De regreso a San Cristóbal, tres jóvenes iban borrachos por la carretera, uno de ellos invadiendo los dos carriles, con grave peligro para ellos y para nosotros, pero sintiéndose feliz y realizado con su botella en mano.

Unos profesores de la zona urbana me platicaron el clima de violencia que impera en varias escuelas; los mismos alumnos provocan pleitos sólo para grabarlos y subirlos a “You-Tube”; llegan con droga y allí mismo la comercializan; no se les puede llamar la atención, porque se rebelan contra toda autoridad; se nota su inestabilidad emocional, causada por tantos hogares destruidos.

JUZGAR
Dice el Papa Benedicto XVI: “Adán -y Adán somos nosotros- creía que el ‘no’ era el culmen de su libertad. Sólo sería realmente libre quien puede decir ‘no’; para realizar realmente su libertad, el hombre debe decir ‘no’ a Dios; sólo así cree que es él mismo, que ha llegado al culmen de la libertad… Adán deseaba ser como Dios, es decir, ser completamente libre. Pero el hombre que se encierra en sí mismo no es divino, no es completamente libre; lo es si sale de sí; en el ‘sí’ llega a ser libre. Cambiando la voluntad humana por la voluntad divina, nace el verdadero hombre; así somos redimidos. El grado máximo de libertad es el ‘sí’, la conformidad con la voluntad de Dios. El hombre sólo llega a ser realmente él mismo en el ‘sí’; el hombre sólo llega a estar inmensamente abierto, sólo llega a ser ‘divino’, en la gran apertura de sí, en la unificación de su voluntad con la voluntad divina… El hombre no encuentra su unidad, su integración, su totalidad en sí mismo, sino superándose a sí mismo, saliendo de sí mismo… Sólo en Dios nos encontramos a nosotros mismos; sólo en él encontramos nuestra totalidad e integridad. Así se ve que el hombre que se encierra en sí mismo no está completo; por el contrario, el hombre que se abre, que sale de sí mismo, es un hombre completo y precisamente en el hijo de Dios se encuentra a sí mismo, encuentra su verdadera humanidad… Jesucristo es el punto de referencia que ilumina todos los demás valores” (25 de junio).

¡Esta es nuestra fe! Para quien no tenga esta experiencia religiosa, las palabras del Papa les sonarán a música celestial, a cuento piadoso, a evasión de la realidad, a enajenación. Sin embargo, cuando los jóvenes -como cualquier otra persona- se encuentran vivencialmente con Cristo, toda su vida cambia. Se siente feliz, realizado, bien cimentado para enfrentar el futuro. Es la honra de sus padres. Se convierte en un servidor de la comunidad, con entrañas de misericordia hacia los pobres y los que sufren.

ACTUAR
Como Iglesia, no tenemos recetas mágicas para la transformación de los jóvenes. Ofrecemos lo que creemos: “Proponer a los jóvenes el encuentro con Jesucristo vivo y su seguimiento en la Iglesia” (No. 446). “No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (No. 14).

Padres de familia, maestros, comunicadores: acérquense a Jesús y propongan a los jóvenes que lo conozcan y se hagan sus discípulos. ¡Todo puede cambiar!

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