+ Felipe Arizmendi Esquivel
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VER
El Presidente de la República envió al Senado una iniciativa de reforma energética, que se está discutiendo. El PRI ha presentado su propuesta y se espera que haga lo mismo el PRD. Este organizó una consulta popular, cuyos resultados eran previsibles. Aunque representa sólo a un sector de la población y no es vinculante para los legisladores, tampoco debe despreciarse. Este ejercicio de consultar al pueblo antes de hacer una ley, es muy sano y enriquecedor. Ojalá se llegue a darle consistencia jurídica.
Los obispos que integramos la Comisión Episcopal de Pastoral Social, responsables de Pastoral Penitenciaria, Pastoral Indígena, Movilidad Humana, Salud, Trabajo, Fe y Política, Caritas, Justicia, Paz y Reconciliación, emitimos un mensaje sobre el tema, ofreciendo unos principios de reflexión. Hablamos no porque pretendamos poder político, sino porque, como mexicanos y pastores, nos preocupan la vida digna del pueblo y la paz social. No ofrecemos soluciones técnicas, pues no es esa nuestra competencia, sino que intervenimos desde la dimensión ética que es intrínseca a los problemas sociales y políticos.
JUZGAR
En nuestro documento, consideramos que la reforma propuesta para la industria petrolera debe valorarse por sus efectos previsibles en la vida de las personas, particularmente de quienes viven en situación de pobreza.
Entre los principios de reflexión que aportamos, en primer lugar está la solidaridad, que es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”. Quien no es solidario, sólo busca su interés, político o económico, y no le importa el pueblo.
Otro principio orientador es el bien común, que no es la suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social, sino el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección. Bajo esta luz, hemos de preguntarnos ¿qué propuestas servirán más para que los pobres, los desempleados, los campesinos e indígenas, las mujeres y los ancianos, puedan llevar una vida más digna?
Otro criterio es el destino universal de los bienes: “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad”. Los legisladores, por ello, han de estar muy atentos, para que las reformas no sean sólo para enriquecer a unos pocos, a los dueños de grandes capitales, a los directivos de las empresas o a los líderes sindicales.
Pedimos también transparencia, pues todos constatamos hasta qué grado es alarmante el nivel de la corrupción en las economías, que involucra tanto al sector público como al sector privado, a lo que se suma una notable falta de transparencia y rendición de cuentas a la ciudadanía.
ACTUAR
¿Qué hacer? Invitamos a todos los actores de la sociedad a contribuir a la creación de espacios de diálogo que permitan una argumentación serena, respeto mutuo en las diferencias de opiniones, búsqueda sincera de la verdad, apertura para que todos tengan seguridad de que pueden expresarse con libertad, y así contribuyan a que las decisiones se tomen teniendo como principal referencia el sentir del pueblo de México y no las presiones de los grupos de interés. Esperamos responsabilidad y madurez de los que hacen las leyes.
Invitamos a los ciudadanos a participar en los espacios de diálogo sobre este tema, a informarse atendiendo a las fuentes más confiables, para que su participación sea fundamentada y reflexionada, poniendo, por encima de los intereses de partidos o de grupos, el bien de la nación.
Y hacemos un llamado, sobre todo los líderes más beligerantes, a una tregua de ataques personales e institucionales. La violencia verbal daña la paz social, y se vuelve contra quienes la utilizan. Las descalificaciones sistemáticas generan desconfianza e impiden acuerdos.




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