REFLEXION DOMINICAL
22 de octubre de 2006
Domingo Mundial de las Misiones
DISCIPULOS Y MISIONEROS DE CRISTO
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dato todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti, Señor Jesús! (Mt 28, 16-20).
Interrumpimos la secuencia que traíamos de los domingos del Tiempo Ordinario, para unirnos a toda la Iglesia que hoy celebra el DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES. Jesús nos invita a continuar su trabajo de hacer llegar su Buena Nueva a toda la humanidad, pues “El quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, como dice San Pablo. Ojalá que todos los discípulos de Jesús seamos sus misioneros, para que nuestros pueblos en El tengan vida, según el tema de la próxima V Conferencia del Episcopado Latinoamericano.
HECHOS DE VIDA
· Como sintiéndose culpables de haber profesado por siglos que la Iglesia de Cristo es una, y que ésta “subsiste en la Iglesia Católica” (Concilio Vaticano II: Lumen gentium, 8), algunos han caído hoy en un preocupante relativismo religioso, en que parece que todas las religiones son válidas y que, por tanto, el mandato evangelizador de Cristo ya no tiene vigencia. Si en cualquier religión las personas se pueden salvar, ¿para qué misionar y tratar de convertirlos? Si da lo mismo ser de una u otra religión, argumentan que dejemos a cada quien en lo suyo y que no nos preocupemos porque dos terceras partes de la humanidad no conocen a Jesucristo... Esta errónea actitud se ha imbuido en muchos creyentes, ignorantes de su fe, e incluso en algunos agentes de pastoral.
· Si durante mucho tiempo se condenó, se despreció y se trató de eliminar las religiones de los pueblos indígenas, hoy algunos se van al otro extremo: rescatarlas del olvido, de su postración y de su ocultamiento, y presentarlas como la verdadera religión, haciendo a un lado a Jesucristo, a su Iglesia, a los sacramentos. Dan la impresión de que hubiera sido mejor que no vinieran los misioneros a evangelizar, y que nuestros antepasados se quedaran con su religión, sin el rocío fecundo del Evangelio.
· Es verdad que condenamos los métodos tan destructivos de los conquistadores, con quines llegaron los misioneros. Es necesario y enriquecedor rescatar y valorar en su justa dimensión los ritos aborígenes, sobre todo porque la mayoría de estos pueblos han asumido el catolicismo en lo más profundo de su cultura; lo preocupante es que se prescinda de Jesucristo y de la liturgia de la Iglesia, incluso por parte de agentes de pastoral. Es curioso que los hermanos indígenas en todo momento nombran a Jesucristo, a la Virgen María y a los Santos; pero algunos de los nuestros sólo se dirigen al sol, a la madre tierra, a los cuatro puntos cardinales. ¿Dónde quedó Jesucristo? ¿Se tiene fe en El? ¿Estamos evangelizados? Si no somos unos apasionados por comunicar a Cristo a los demás, es señal clara de que no estamos evangelizados, aunque seamos obispos, sacerdotes, religiosas y catequistas. Habría que empezar a misionarnos a nosotros mismos. ¿En verdad creemos en Cristo?
· En nuestro Estado de Chiapas, apenas un 64.46% se declara católico. El 22.59% es protestante, de la gran multiplicidad de confesiones evangélicas que hay, subdivididas entre sí mismas. Hay un pequeño grupo de musulmanes, la mayoría indígenas. ¿Esto no nos preocupa? Hay Estados donde el catolicismo asciende a un 96.07% de la población (Aguascalientes y Guanajuato), a 95.39% (Jalisco), a 95.37% (Querétaro), a 95.12% (Michoacán). El Distrito Federal llega a un 90.57%. Los Estados más bajos en cifras de católicos son Campeche, con 75.04%, Tabasco con 72.26%, y Quintana Roo con 71.76%, pero están mejor que Chiapas. ¿Esto nos puede dejar indiferentes?
· En algunas regiones, sigue descendiendo la pertenencia a la Iglesia Católica, por diversos motivos; entre otros, por nuestros malos testimonios, por la ignorancia religiosa de muchos católicos, por la resistencia a asumir una fe más comprometida en las luchas sociales, por nuestra desatención pastoral, por el “casamiento” entre una tendencia política y una confesión religiosa, o una línea pastoral. Sin embargo, también es verdad que están regresando muchos de los que se habían ido, decepcionados porque no encontraron en otras partes la perfección que se imaginaban. Lo más cuestionante es el aumento de los que se dicen sin religión: en Chiapas llegan a un 12.16%. Es la cifra más alta de no creyentes en todo el país. ¿Este dato no nos hace pensar? ¿No nos lleva a examinar nuestra conciencia, para ver en qué hemos fallado?
LUZ DE LA PALABRA DE DIOS
v San Pablo no nos deja lugar a dudas en lo que nos dice hoy: “Dios, nuestro salvador, quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos” (1 Tim 2,4-6).
v No hay, por tanto, más que un solo Salvador: Cristo Jesús. Si ya lo hemos descubierto y nos hemos encontrado con El, vamos por buen camino; demos gracias al Espíritu Santo y a nuestros padres, que nos acercaron a El. Pero si nuestra fe aún está centrada en ritos y costumbres donde El no es el centro, todavía no somos cristianos, no somos sus discípulos. Esto explica que muchos no seamos sus misioneros. Quien lo ha conocido, pone todo su empeño en acercar a otros hacia El, incluso con métodos que no siempre son bien vistos ni aceptados en nuestras estructuras pastorales.
v Es verdad, sin embargo, como enseña el Concilio Vaticano II, que “ni el mismo Dios está lejos de otros que buscan en sombras e imágenes al Dios desconocido, puesto que todos reciben de El la vida, la inspiración y todas las cosas (cf Hech 17,25-28) y el Salvador quiere que todos los hombres se salven (cf 1 Tim 2,4). Pues quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. Y la divina Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios. Cuanto hay de bueno y verdadero entre ellos, la Iglesia lo juzga como una preparación del Evangelio y otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida” (Lumen gentium, 16).
v Más adelante, el mismo Concilio advierte: “Pero con mucha frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se envilecieron con sus fantasías y trocaron la verdad de Dios en mentira, sirviendo a la criatura más bien que al Creador (cf Rom 1,21.25), o, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, se exponen a la desesperación extrema. Por lo cual la Iglesia, acordándose del mandato del Señor, que dijo: ‘Predicad el Evangelio a toda criatura’ (Mc 16,15), procura con gran solicitud fomentar las misiones para promover la gloria de Dios y la salvación de todos estos” (Ibid). La tarea misionera se nos presenta, pues, como indeclinable e improrrogable. No es cosa de hacer proselitismo convenenciero, sino compartir una fe entrañable.
v En este sentido, el mandato de Jesús es determinante: “Vayan y enseñen a todas las naciones”. No dijo: Vayan y aprendan; sino vayan y enseñen; es decir, comuniquen a otros lo que me han escuchado, y enséñenles a cumplir todo cuanto yo les he mandado. Es verdad que su pedagogía fue encarnarse, antes de empezar a predicar y enseñar, lo cual nos indica que no podemos llegar a una parte y, sin conocer la realidad, juzgarla inmediatamente y desconocer todo lo bueno que tenga; pero debe llegar el momento en que seamos verdaderos maestros del mensaje de Cristo. No podemos esperar, como algunos hacen, hasta que los pueblos pidan una Misa u otro sacramento, para que se les procure, sino que nuestra tarea, si en verdad ya somos discípulos de Jesús, es enseñar lo que hemos recibido. Es la forma como procede San Pablo: “Yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad” (1 Tim 2,7). Así deberíamos proceder nosotros también. Enseñar el Evangelio, proponer la persona de Jesús redentor y liberador; nunca imponerlo por la fuerza.
v La aceptación de Jesucristo, sin embargo, no se queda en un sentimentalismo pasajero y superficial; no se reduce a prácticas piadosas y rituales. Exige una conversión de vida, sobre todo en las dimensiones de justicia y misericordia, como dice el profeta Isaías: “Esto dice el Señor: Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse. A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos” (Is 56,1.6-7). Lo que se dice del sábado, Jesucristo lo transportó al domingo, día de su resurrección, como lo celebraban los mismos apóstoles.
CONVERSIÓN DE VIDA
Ø Apreciemos los ritos de nuestros pueblos originarios, porque en ellos hay muchas manifestaciones de Dios, pero llevémosles a la plentiud de su revelación en Cristo, como nos dice el mismo Concilio Vaticano II: “La actividad misionera es, en última instancia, la manifestación del propósito de Dios, o epifanía y su realización en el mundo y en la historia, en la que Dios, por medio de la misión, perfecciona abiertamente la historia de la salvación. Por la palabra de la predicación y por la celebración de los sacramentos, cuyo centro y cima es la santísima Eucaristía, la actividad misionera hace presente a Cristo, autor de la salvación. Cuanto de verdad y de gracia se encontraba ya entre las naciones, como por una cuasi secreta presencia de Dios, lo libera de contagios malignos y lo restituye a su Autor, Cristo, el cual derroca el imperio del diablo y aleja la multiforme maldad de los pecados. Así, pues, cuanto de bueno se halla sembrado en el corazón y en la mente de los hombres, o en los ritos y culturas propias de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad del hombre” (Ad gentes, 9).
Ø Aprendamos a ser misioneros, con la predicación del Evangelio, con oraciones y apoyo económico, pero sobre todo en diálogo abierto, como recomienda el mismo Concilio: “Para que los fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, ... familiarícense con sus tradiciones nacionales y religiosas (de los pueblos); descubran, con gozo y respeto, las semillas de la Palabra que en ellas se contienen... Como el mismo Cristo escudriñó el corazón de los hombres y los llevó con un coloquio verdaderamente humano a la luz divina, así sus discípulos, inundados profundamente por el Espíritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven y conversar con ellos para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios, generoso, ha distribuido a la gentes, y al mismo tiempo esforzarse por examinar estas riquezas con la luz evangélica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador” (Ib 11).
ACTUALIZACIÓN EN LA LITURGIA
q El Salmo 66 nos invita a cantar: “Que todos los pueblos conozcan tu bondad. Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora… Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero”.
q Lo que San Pablo dice a Timoteo, vale para nuestras celebraciones: “Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido” (1 Tim 2,1-2). Es lo que ya hacemos, pero que debemos incrementar.
ORACIÓN
Señor y Dios nuestro, que has querido que tu Iglesia sea sacramento de salvación para todos los hombres, a fin de que la obra redentora de tu Hijo perdure hasta el fin de los tiempos, haz que tus fieles caigan en la cuenta de que están llamados a trabajar por la salvación de los demás, para que todos los pueblos de la tierra formen una sola familia y surja una humanidad nueva en Cristo nuestro Señor, que vive y reina contigo. Amén.
viernes, octubre 20, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)




No hay comentarios.:
Publicar un comentario