Ricardo Alemán/El Universal
18 de octubre de 2006
Chiapas, ¿otra derrota?
Como en Tabasco, la disputa por el gobierno estatal terminó por resolverse entre dos grupos salidos del PRI
Quienes han examinado los voluminosos expedientes del proceso electoral celebrado en Chiapas el pasado 20 de agosto -enviados al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como parte de la impugnación que presentó el PRI- no tienen dudas de que al final del nuevo escrutinio y cómputo ordenados ayer por el árbitro electoral, finalmente el gobierno chiapaneco quedará en manos del PRI.
Como se sabe, luego del proceso electoral en Chiapas, tanto el Instituto como el Tribunal electorales locales ratificaron la victoria de Juan Sabines Guerrero, candidato de la coalición Por el Bien de Todos, luego de una cerrada y controvertida contienda que, según la impugnación presentada por el candidato PRI-PVEM, José Antonio Aguilar Bodegas, fue alterada para favorecer a su adversario, que casualmente era el candidato del gobernador Pablo Salazar Mendiguchía.
Lo interesante del asunto es que el candidato Aguilar Bodegas impugnó el resultado electoral -que favoreció a Sabines Guerrero por 6 mil 282 votos, 0.53% de diferencia- bajo el argumento de que las instancias electorales locales desecharon, por consigna del gobernador Salazar Mendiguchía, las irregularidades denunciadas. Por eso el candidato de la alianza PRI-PVEM demandó al TEPJF un nuevo escrutinio y cómputo en 499 casillas, de las cuales el árbitro ordenó el recuento y cómputo en 184 paquetes electorales.
Es decir, que si se confirman las presuntas irregularidades denunciadas por el candidato del PRI -alteración de actas de escrutinio, votos mal asignados, sumas mal realizadas y anulación de actas-, son muchas las posibilidades de que el resultado electoral sufra un vuelco debido a la estrecha diferencia entre los dos candidatos. En caso contrario, también está viva la posibilidad de que, en efecto, el voto haya sido favorable a la coalición Por el Bien de Todos, a pesar de su escasa diferencia, lo que confirmaría el triunfo del candidato Juan Sabines Guerrero.
Pero el asunto cobra especial interés si se recuerda que en Chiapas se produjo un fenómeno político con características similares a las que se vieron en Tabasco, en donde la disputa por el gobierno estatal terminó por resolverse entre dos grupos salidos del PRI. Juan Sabines Guerrero, candidato de la coalición Por el Bien de Todos, semanas antes de dicha postulación, perteneció al PRI, partido del que fue alcalde de la capital chiapaneca.
Juan Sabines es un político de nueva generación -nieto del ex gobernador del mismo nombre y sobrino del laureado poeta Jaime Sabines-, y en su calidad de alcalde de Tuxtla era un fuerte candidato del PRI al gobierno estatal. Sin embargo, se enfrentó a los poderosos grupos locales empeñados en recuperar para el PRI el gobierno estatal, por lo que hicieron todo lo posible por sacarlo de la contienda, a pesar de que según las encuestas de ese momento mantenía una fuerte aceptación popular y de algunos centros reales de poder.
La sucesión del gobierno estatal se complicó no sólo por las disputas al interior del PRI, sino porque el gobernador en turno, el también priísta Pablo Salazar Mendiguchía, se había entrampado solo, al pelear con todos los grupos estatales -PRI, PAN y PRD-, y al no lograr que su preferido creciera ante el electorado. El gobernador corría el riesgo de quedarse al margen de la sucesión, y que incluso se la ganara su ex partido, el PRI, lo que lo colocaba frente a la posibilidad de convertirse en un ex gobernador indeseado, si no es que perseguido. En realidad Salazar Mendiguchía logró un gobierno sin contratiempos debido a una acertada estrategia política: se convirtió en uno de los más cercanos amigos del presidente Fox, en un hombre cercano al PAN y, por consecuencia, en uno de los más rabiosos adversarios de López Obrador.
Pero el gobernador Salazar no podía terminar su gestión sin el infaltable seguro de vida. Entonces aparecieron los operadores políticos de AMLO, sobre todo Manuel Camacho y los "Chuchos", como Carlos Navarrete, quienes hicieron el milagro de mezclar el agua y el aceite. Sin mayor dificultad convencieron a Juan Sabines de que dejara el PRI y se convirtiera en hombre de "izquierda al vapor"; cabildearon con el gobernador Salazar Mendiguchía, a quien convencieron de que el ganador el 2 de julio sería López Obrador, y que tendría futuro en esa administración, a cambio de apoyar la candidatura de Juan Sabines. De golpe y porrazo en Chiapas se creó un nuevo Partido Revolucionario Institucional, con las siglas del PRD, cuyo candidato recibió todo el apoyo estatal, y se vio favorecido por todas las prácticas del viejo partido.
El PRI de Sabines, apoyado por el PRD de AMLO y por el peso económico del gobierno de Pablo Salazar, se enfrentó al PRI de Aguilar Bodegas, a quien apoyaron algunos sectores del viejo partido, el PAN estatal y el gobierno federal. Chiapas, igual que Tabasco, enfrentó a dos grupos del PRI, artistas de la trampa y el fraude, divididos por las ambiciones desmedidas de AMLO, quien en esa entidad puede sufrir una nueva derrota. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx




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