F. Darinel
“(Yavé) Está alerta
a lo largo del buen camino
para proteger
el caminar de sus fieles.”
Era una mañana de abril del año 2002; cómo olvidarlo, en compañía de otras personas viajaba a bordo de una camioneta pick up, sobre la cuesta que precede a la población de Soyatitá. De pronto al voltear mi vista hacia el cielo, quizá a unos mil metros de altura, pude observar un pedazo de nube, bueno un pedacito, de esos pedazos de nube a los que Silvio Rodríguez los llamo: “rabo de nube”, ese “rabo de nube”, se notaba que había pertenecido a una nube, por lo que el pedacito era nube, aun aunque fuera un pedacito,
un pedacito que luchaba por no desintegrarse, pues vientos encontrados lo volvían un pequeño remolino que luchaba por no desaparecer. A veces subía, a veces bajaba y casi a punto de desaparecer, otro “rabo de nube” que estaba cerca de él se unió y convirtió ese pequeño pedacito en uno más grande. Sin que lo notara, una ráfaga de viento suelta lo elevó rápidamente y sin destruirlo, y ese pequeño “rabo de nube” finalmente venció a los vientos que intentaban despedazarlo, y vi como poco a poco tomaba camino hacia las nubes más elevadas.
Jovencita y valiente
En 1994, cuando los problemas sociales se recrudecieron por el llamado “levantamiento zapatista”, una serie de rancheros fueron invadidos, así como pequeños propietarios y gente muy pobre, que a causa de la violencia y coerciones, por parte de los encapuchados, tuvieron que salir huyendo de sus lugares de origen, perdiéndolo todo. A pocos meses de que surgió este levantamiento armado, un grupo de pequeños propietarios y desplazados, que eran dirigidos por Jorge Constantino Kanter, se manifestaban constantemente en contra de la nula actividad del gobierno para la recuperación de sus terrenos o indemnización, así como también protestaban en contra de quienes se decían “revolucionarios”. Entre este grupo de gente, la mayoría muy valiente, estaba una jovencita de apenas 20 años de edad, ella era Rosa Antonieta Gómez García, que dando la cara por su familia que tenía un pequeño rancho en los linderos de la selva, con este levantamiento armado se habían quedado sin tierras. Esa era “Rosy Gómez”, una jovencita que para entonces ya se había ganado el respeto de gente y de rancheros otoñales e invernales, que respetaban lo valiente y lo bragada de esa jovencita.
Nada la destruía
Así como el rabo de nube que describí, que con ferocidad se negaba a ser destruido, así vi anteayer a las puertas del servicio de urgencias del hospital a “Rosy Gómez”, interponiéndose entre una turba de transportistas que intentaban aporrear a un hombre caído, del que supe después no era ni familiar de “Rosy Gómez”, pero por ser uno de los vecinos de su comunidad, San José Obrero, con una fiereza sorprendente, con un valor elocuente, con una entrega de Samurai, con apenas una pequeña colcha roja en la mano, defendía lo más que podía al caído, así como estuvo al frente de sus compañeros de comunidad durante todo el día lunes y hasta entrada la noche… esa era “Rosy Gómez”, la mujer que apareció en las portadas de muchos periódicos locales, que como leona defendía a uno de los suyos.
Nada de montones… sola
Cuando la vi, no pude menos que pensar en la enorme bestia, que según la mitología romana, amamantó a dos hombres, una bestia montaras que a pesar de su ferocidad tenía la capacidad de ser delicada y considerada con unos gemelos humanos, que adoptó como hijos; Romulo y Remo. Esa imagen de violencia y ternura, me llegó a la cabeza cuando “Rosy Gómez” sin una sola lagrima, sobrecogedoramente y en solitario, nos dio una muestra de lo que es el valor, la entrega y la lealtad para con los suyos, pero también “Rosy” le enseño a muchos taxistas; ella sola, que eso es valor, no un grupo montoneros taxistas; dueños o asalariados, que por un sencillo rose o un leve choque, en cualquier calle o en cualquier lugar copan a jovencitos, mujeres solas, ancianos y los que ustedes prefieran. Ella sola les enseño a muchos de ellos, lo que es el valor, y seguro que así fue porque no huyó, ni renunció jamás a defender a los suyos, a “entrarle” con decisión, porque aunque la causa que defendía era ilegal, no injusta, esto no opacó su “josefinesca” actitud. Y esto lo anoto porque yo fui testigo que muchos; no todos, de los taxistas asalariados, allá en la esquina que hacen la 9ª calle sur oriente y la 3ª Avenida oriente sur, vi como se les reflejaba el miedo en los ojos, como les temblaban las piernas para dar un paso y como perdían todo tino de razón, cuando los que estaban al frente de ellos le gritaban: “órale pues, no tengan miedo, júntense con nosotros… órale pues, no sean miedosos, vengan”.
Dos cosas
Ahí estaban esos taxistas, que en este trabajo periodístico, muchas veces y muchos de ellos los he visto tan “valientes”, amedrentando mujeres porque han chocado con un compañero suyo, y que seguro la actitud de “Roy Gómez”, les hizo saber que muchos de ellos son tan cobardes, cuando lo demostraron al no unírseles a sus otros compañeros.
Por cierto, vale la pena decir que la decisión que tomó la comunidad de San José Obrero, al decidir tener un transporte colectivo para su comunidad de forma ilegal, ante la ley claro que es un delito, pero ante los abusos y las tarifas excesivas, los malos tratos y desprecio de que son y han sido objeto, también vale la pena decir que aunque ilegal, la acción que tomaron no deja de ser justa.
Honor a quien lo merece
Mi reconocimiento, mi respeto y mi admiración para el valor de mi amiga “Rosy Gómez”, un valor que muchos de nosotros los hombres ya quisiéramos tener. Y aprovecho también el espacio para felicitar a nuestro compañero de oficio, Luis Octavio Jiménez Pinto, del “Diario Independiente de Comitán”, por abandonar un rato su quehacer periodístico, cuando nos encontrábamos a las puertas del servicio de urgencias del Hospital General, y que se dio tiempo para escoltar y pedir por la seguridad de unas mujeres y un hombre, que desconozco si eran familiares de enfermos o habitantes de San José Obrero, a quienes escoltó y llevó a lugar seguro. Lo que haya sido, su actitud fue muy humana, aunque también aprovecho para decir que tampoco en este oficio es nuestro derecho, tomar partido, azuzando e incitando a la violencia, tan solo por tener una nota más sangrienta. Insistió, reconozco el humanismo de Luis Octavio, pero no reconozco los actos sediciosos.
Para “los valientes”
Ya para concluir, vaya mi reconocimiento y mi aplauso personal para la cobardía, por la poca hombría y por la falta de carácter de muchos policías estatales preventivos y municipales, que en cuanto vieron que la gresca había dado inicio, allá por la 1ª Avenida oriente sur, esquina con 9ª Calle Sur oriente, presurosos; como lechones en fuga, corrieron a subirse a sus camionetas para huir despavoridos del lugar, cuando inclusive, debieron haberse quedado a tratar de imponer el orden y la ley, pues para eso decidieron ellos ser representantes de ésta. Qué bueno que un hombre que llegó de la comunidad de San José Obrero, con un puñado de cohetes, de los cuales alcanzó al lanzar uno hacia la multitud con el fin de quemar, de lastimar y hasta de matar, que afortunadamente por lo que fue replegado, no le quedó otra que salir huyendo con rumbo al Puente Hidalgo, y que para fortuna de todos, absolutamente de todos; ambos bandos, niños que estaban presentes, vecinos, casas, y vehículos, los otros cohetes no fueron encendidos y se evitaron tragedias que ahora estaríamos llorando. Qué bueno que fue replegado, porque si hubiéramos pedido la ayuda de la policía en los momentos más álgidos del encontronazo y para evitar el encendido de estos cohetes, las corporaciones policiacas, pusilánimemente abandonaron a su suerte a vecinos, a contrincantes, a enfermos internados en el área de urgencias, a familiares de estos enfermos, a vecinos, a niños y hasta a la prensa… mi aplauso y mi reconocimiento. Por cierto, vos “Rosy Gómez”, deberías cortarte un pedacito de tu piel, hacerlo píldoras y dárselos en dosis pequeñas y controladas, a cada uno de nuestros policías que también valientemente “defendieron” a la población… muchas gracias.
Nada más
Por último quiero decirles que ya estoy harto que lo que se escribe en este periódico, lo “agarren” y “lo tomen prestado” para hacer comentarios como que si fueran propios. A partir de mañana aquí en este espacio, citare párrafo y pagina, palabra y discernimiento, fragmento o encabezado que sea tomando de este rotativo; diré quien lo hizo, en que espacio noticioso se hizo y me preguntare como siempre ¿por qué no quieren darnos nuestros créditos?
Por hoy no hay más que decir, no hay más que apuntar, los hechos ya por sí solos hablaron y nos han dado muchas enseñanzas… que Dios guarde en la palma de su mano a Comitán.
Es cuanto
adriancitio@yahoo.com.mx
Proverbios (2 , 8)
“A DETALLE”
LOS CAMINOS DE HOY
Pequeño y sin renunciar
Era una mañana de abril del año 2002; cómo olvidarlo, en compañía de otras personas viajaba a bordo de una camioneta pick up, sobre la cuesta que precede a la población de Soyatitá. De pronto al voltear mi vista hacia el cielo, quizá a unos mil metros de altura, pude observar un pedazo de nube, bueno un pedacito, de esos pedazos de nube a los que Silvio Rodríguez los llamo: “rabo de nube”, ese “rabo de nube”, se notaba que había pertenecido a una nube, por lo que el pedacito era nube, aun aunque fuera un pedacito,
un pedacito que luchaba por no desintegrarse, pues vientos encontrados lo volvían un pequeño remolino que luchaba por no desaparecer. A veces subía, a veces bajaba y casi a punto de desaparecer, otro “rabo de nube” que estaba cerca de él se unió y convirtió ese pequeño pedacito en uno más grande. Sin que lo notara, una ráfaga de viento suelta lo elevó rápidamente y sin destruirlo, y ese pequeño “rabo de nube” finalmente venció a los vientos que intentaban despedazarlo, y vi como poco a poco tomaba camino hacia las nubes más elevadas.
Jovencita y valiente
En 1994, cuando los problemas sociales se recrudecieron por el llamado “levantamiento zapatista”, una serie de rancheros fueron invadidos, así como pequeños propietarios y gente muy pobre, que a causa de la violencia y coerciones, por parte de los encapuchados, tuvieron que salir huyendo de sus lugares de origen, perdiéndolo todo. A pocos meses de que surgió este levantamiento armado, un grupo de pequeños propietarios y desplazados, que eran dirigidos por Jorge Constantino Kanter, se manifestaban constantemente en contra de la nula actividad del gobierno para la recuperación de sus terrenos o indemnización, así como también protestaban en contra de quienes se decían “revolucionarios”. Entre este grupo de gente, la mayoría muy valiente, estaba una jovencita de apenas 20 años de edad, ella era Rosa Antonieta Gómez García, que dando la cara por su familia que tenía un pequeño rancho en los linderos de la selva, con este levantamiento armado se habían quedado sin tierras. Esa era “Rosy Gómez”, una jovencita que para entonces ya se había ganado el respeto de gente y de rancheros otoñales e invernales, que respetaban lo valiente y lo bragada de esa jovencita.
Nada la destruía
Así como el rabo de nube que describí, que con ferocidad se negaba a ser destruido, así vi anteayer a las puertas del servicio de urgencias del hospital a “Rosy Gómez”, interponiéndose entre una turba de transportistas que intentaban aporrear a un hombre caído, del que supe después no era ni familiar de “Rosy Gómez”, pero por ser uno de los vecinos de su comunidad, San José Obrero, con una fiereza sorprendente, con un valor elocuente, con una entrega de Samurai, con apenas una pequeña colcha roja en la mano, defendía lo más que podía al caído, así como estuvo al frente de sus compañeros de comunidad durante todo el día lunes y hasta entrada la noche… esa era “Rosy Gómez”, la mujer que apareció en las portadas de muchos periódicos locales, que como leona defendía a uno de los suyos.
Nada de montones… sola
Cuando la vi, no pude menos que pensar en la enorme bestia, que según la mitología romana, amamantó a dos hombres, una bestia montaras que a pesar de su ferocidad tenía la capacidad de ser delicada y considerada con unos gemelos humanos, que adoptó como hijos; Romulo y Remo. Esa imagen de violencia y ternura, me llegó a la cabeza cuando “Rosy Gómez” sin una sola lagrima, sobrecogedoramente y en solitario, nos dio una muestra de lo que es el valor, la entrega y la lealtad para con los suyos, pero también “Rosy” le enseño a muchos taxistas; ella sola, que eso es valor, no un grupo montoneros taxistas; dueños o asalariados, que por un sencillo rose o un leve choque, en cualquier calle o en cualquier lugar copan a jovencitos, mujeres solas, ancianos y los que ustedes prefieran. Ella sola les enseño a muchos de ellos, lo que es el valor, y seguro que así fue porque no huyó, ni renunció jamás a defender a los suyos, a “entrarle” con decisión, porque aunque la causa que defendía era ilegal, no injusta, esto no opacó su “josefinesca” actitud. Y esto lo anoto porque yo fui testigo que muchos; no todos, de los taxistas asalariados, allá en la esquina que hacen la 9ª calle sur oriente y la 3ª Avenida oriente sur, vi como se les reflejaba el miedo en los ojos, como les temblaban las piernas para dar un paso y como perdían todo tino de razón, cuando los que estaban al frente de ellos le gritaban: “órale pues, no tengan miedo, júntense con nosotros… órale pues, no sean miedosos, vengan”.
Dos cosas
Ahí estaban esos taxistas, que en este trabajo periodístico, muchas veces y muchos de ellos los he visto tan “valientes”, amedrentando mujeres porque han chocado con un compañero suyo, y que seguro la actitud de “Roy Gómez”, les hizo saber que muchos de ellos son tan cobardes, cuando lo demostraron al no unírseles a sus otros compañeros.
Por cierto, vale la pena decir que la decisión que tomó la comunidad de San José Obrero, al decidir tener un transporte colectivo para su comunidad de forma ilegal, ante la ley claro que es un delito, pero ante los abusos y las tarifas excesivas, los malos tratos y desprecio de que son y han sido objeto, también vale la pena decir que aunque ilegal, la acción que tomaron no deja de ser justa.
Honor a quien lo merece
Mi reconocimiento, mi respeto y mi admiración para el valor de mi amiga “Rosy Gómez”, un valor que muchos de nosotros los hombres ya quisiéramos tener. Y aprovecho también el espacio para felicitar a nuestro compañero de oficio, Luis Octavio Jiménez Pinto, del “Diario Independiente de Comitán”, por abandonar un rato su quehacer periodístico, cuando nos encontrábamos a las puertas del servicio de urgencias del Hospital General, y que se dio tiempo para escoltar y pedir por la seguridad de unas mujeres y un hombre, que desconozco si eran familiares de enfermos o habitantes de San José Obrero, a quienes escoltó y llevó a lugar seguro. Lo que haya sido, su actitud fue muy humana, aunque también aprovecho para decir que tampoco en este oficio es nuestro derecho, tomar partido, azuzando e incitando a la violencia, tan solo por tener una nota más sangrienta. Insistió, reconozco el humanismo de Luis Octavio, pero no reconozco los actos sediciosos.
Para “los valientes”
Ya para concluir, vaya mi reconocimiento y mi aplauso personal para la cobardía, por la poca hombría y por la falta de carácter de muchos policías estatales preventivos y municipales, que en cuanto vieron que la gresca había dado inicio, allá por la 1ª Avenida oriente sur, esquina con 9ª Calle Sur oriente, presurosos; como lechones en fuga, corrieron a subirse a sus camionetas para huir despavoridos del lugar, cuando inclusive, debieron haberse quedado a tratar de imponer el orden y la ley, pues para eso decidieron ellos ser representantes de ésta. Qué bueno que un hombre que llegó de la comunidad de San José Obrero, con un puñado de cohetes, de los cuales alcanzó al lanzar uno hacia la multitud con el fin de quemar, de lastimar y hasta de matar, que afortunadamente por lo que fue replegado, no le quedó otra que salir huyendo con rumbo al Puente Hidalgo, y que para fortuna de todos, absolutamente de todos; ambos bandos, niños que estaban presentes, vecinos, casas, y vehículos, los otros cohetes no fueron encendidos y se evitaron tragedias que ahora estaríamos llorando. Qué bueno que fue replegado, porque si hubiéramos pedido la ayuda de la policía en los momentos más álgidos del encontronazo y para evitar el encendido de estos cohetes, las corporaciones policiacas, pusilánimemente abandonaron a su suerte a vecinos, a contrincantes, a enfermos internados en el área de urgencias, a familiares de estos enfermos, a vecinos, a niños y hasta a la prensa… mi aplauso y mi reconocimiento. Por cierto, vos “Rosy Gómez”, deberías cortarte un pedacito de tu piel, hacerlo píldoras y dárselos en dosis pequeñas y controladas, a cada uno de nuestros policías que también valientemente “defendieron” a la población… muchas gracias.
Nada más
Por último quiero decirles que ya estoy harto que lo que se escribe en este periódico, lo “agarren” y “lo tomen prestado” para hacer comentarios como que si fueran propios. A partir de mañana aquí en este espacio, citare párrafo y pagina, palabra y discernimiento, fragmento o encabezado que sea tomando de este rotativo; diré quien lo hizo, en que espacio noticioso se hizo y me preguntare como siempre ¿por qué no quieren darnos nuestros créditos?
Por hoy no hay más que decir, no hay más que apuntar, los hechos ya por sí solos hablaron y nos han dado muchas enseñanzas… que Dios guarde en la palma de su mano a Comitán.
Es cuanto
adriancitio@yahoo.com.mx




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