Roberto Blancarte
Que el presidente Calderón haya hablado del cielo y de Dios no me asombra mucho. Pero que haya ido a San Juan Chamula y allí haya pedido que “precisamente, el cielo y el Dios que protege a San Juan Chamula pueda iluminarnos a los gobernantes”, me parece más preocupante. Que al final, el Presidente se haya despedido, con la frase, en tzotzil y en español: “Dios bendiga a San Juan Chamula”, me parece más bien una torpeza (y no suelo adjetivar al Presidente), pues significa una bendición a la intolerancia ancestral que allí se ha manifestado y una carta abierta a la impunidad.
El Presidente estaba contento. Se puso su traje típico y les habló con satisfacción a los dirigentes de esa comunidad. Les dijo: “Porque, como gobernante tengo la mayor satisfacción que puede tener un gobernante, poder decir de cara a todo el pueblo que cumplí mi palabra. Por eso estoy contento también, porque estamos trabajando por la gente y por la gente más pobre, en especial. Y que, precisamente, el cielo y el Dios que cuida y protege a San Juan Chamula, pueda iluminarnos a los gobernantes para gobernar y trabajar siempre, especialmente, en favor de los más pobres.” Y al final les remató con un “Amigas y amigos: Dios bendiga a San Juan Chamula”.
No se cuál sea el plan del Presidente en San Juan Chamula. Si romper la tradicional alianza de los caciques locales con el poder político priista, si congraciarse con los tzotziles a pesar de sus dirigentes o simplemente cumplir con su palabra, dejada dos años atrás en su visita anterior a esa comunidad. Lo que si sé es que manda un terrible mensaje para todos aquellos que alguna vez pensaron en que los crímenes cometidos en San Juan Chamula serían castigados. Según numerosos especialistas, desde mediados de los años 70 del siglo pasado ha habido más de 30 mil expulsados de San Juan Chamula por motivos aparentemente religiosos, pero que muchas veces esconden despojos materiales y autoritarismo político.
Junto con ello se dieron múltiples asesinatos, violaciones, quemas de casas, robos de tierras, golpizas y múltiples abusos de poder: todo bajo la excusa de los usos y costumbres y apelando al Dios de la intolerancia. De acuerdo con Vallverdú, “los primeros expulsados —unos 200— fueron acusados de evangelistas y quemasantos contrarios a ‘la costumbre’. En los 80, según Viqueira, Los caciques expulsaron violentamente a catequistas católicos fieles al obispo diocesano, a los evangélicos y a los afiliados del Partido Acción Nacional. La primera expulsión masiva de produjo en 1974… En 1982 eran ya unos 5 mil expulsados y dos años más tarde unos 10 mil.” La cifra no dejó de aumentar, hasta que prácticamente se acabó la disidencia. En San Juan Chamula no puede haber más que católicos tradicionalistas: los demás tienen que vivir en otra parte. Regresamos a la época de la Colonia. La libertad de cultos es letra muerta. Si el asunto fuera cosa del pasado no habría problema. Pero la intolerancia es cosa de todos los días en esa misma zona. Hace un año ocho mujeres evangélicas fueron obligadas a limpiar la suciedad de la cárcel de San Juan Chamula (que no tiene ni baños) porque se negaron a pagar 26 pesos para la fiesta católica. Y los enfrentamientos entre zapatistas, católicos tradicionalistas y evangélicos están a la orden del día. Hace apenas dos meses más de 200 agentes de la policía tuvieron que intervenir en Mitzitón, después de que un enfrentamiento culminó con varios evangélicos y católicos golpeados y un lesionado de bala. En Zinacantán, muy cerca de San Juan Chamula, expulsaron hace menos de un mes a cinco niños de la escuela primaria en la comunidad Shulvó por profesar la religión protestante. A las familias les cortaron todos los servicios (agua, luz), por negarse a cooperar para las fiestas religiosas católicas tradicionales.
El propio gobernador de Chiapas, Juan José Sabines, explicó claramente de qué se trataba la visita: “Después de dos años y un mes, el presidente Felipe Calderón es el primer Presidente que regresa a San Juan Chamula, y regresa cumpliendo su palabra empeñada en pleno respeto a las creencias religiosas y a las banderías políticas.” ¿Quiere decir esto que el Presidente no se mete en lo que suceda allí? ¿Significa que hace caso omiso de las terribles y variadas formas de intolerancia religiosa, social y política? ¿O que está tratando de establecer una nueva alianza con los caciques locales? En cualquier caso, las acciones del Presidente de la República son inquietantes. En efecto, Calderón ya había estado el pasado 6 de abril de 2008 allí. En ese momento era el primer Presidente de la República en visitar en 30 años esta plaza. Había razones para esta ausencia. San Juan Chamula se convirtió desde los 70 en un símbolo de la intolerancia y la perniciosa mezcla entre caciquismo político, persecución religiosa e impunidad. Muchos gobiernos lo único que hicieron fue negociar con los criminales, en lugar de aplicar la ley. Ahora, el presidente Calderón regresa y les habla de Dios. Francamente me hubiera gustado más que les hablara de respeto a la diferencia, de tolerancia, del fin de la impunidad y de los cacicazgos políticos. En lugar de eso, los bendijo a todos.
Que el presidente Calderón haya hablado del cielo y de Dios no me asombra mucho. Pero que haya ido a San Juan Chamula y allí haya pedido que “precisamente, el cielo y el Dios que protege a San Juan Chamula pueda iluminarnos a los gobernantes”, me parece más preocupante. Que al final, el Presidente se haya despedido, con la frase, en tzotzil y en español: “Dios bendiga a San Juan Chamula”, me parece más bien una torpeza (y no suelo adjetivar al Presidente), pues significa una bendición a la intolerancia ancestral que allí se ha manifestado y una carta abierta a la impunidad.
El Presidente estaba contento. Se puso su traje típico y les habló con satisfacción a los dirigentes de esa comunidad. Les dijo: “Porque, como gobernante tengo la mayor satisfacción que puede tener un gobernante, poder decir de cara a todo el pueblo que cumplí mi palabra. Por eso estoy contento también, porque estamos trabajando por la gente y por la gente más pobre, en especial. Y que, precisamente, el cielo y el Dios que cuida y protege a San Juan Chamula, pueda iluminarnos a los gobernantes para gobernar y trabajar siempre, especialmente, en favor de los más pobres.” Y al final les remató con un “Amigas y amigos: Dios bendiga a San Juan Chamula”.
No se cuál sea el plan del Presidente en San Juan Chamula. Si romper la tradicional alianza de los caciques locales con el poder político priista, si congraciarse con los tzotziles a pesar de sus dirigentes o simplemente cumplir con su palabra, dejada dos años atrás en su visita anterior a esa comunidad. Lo que si sé es que manda un terrible mensaje para todos aquellos que alguna vez pensaron en que los crímenes cometidos en San Juan Chamula serían castigados. Según numerosos especialistas, desde mediados de los años 70 del siglo pasado ha habido más de 30 mil expulsados de San Juan Chamula por motivos aparentemente religiosos, pero que muchas veces esconden despojos materiales y autoritarismo político.
Junto con ello se dieron múltiples asesinatos, violaciones, quemas de casas, robos de tierras, golpizas y múltiples abusos de poder: todo bajo la excusa de los usos y costumbres y apelando al Dios de la intolerancia. De acuerdo con Vallverdú, “los primeros expulsados —unos 200— fueron acusados de evangelistas y quemasantos contrarios a ‘la costumbre’. En los 80, según Viqueira, Los caciques expulsaron violentamente a catequistas católicos fieles al obispo diocesano, a los evangélicos y a los afiliados del Partido Acción Nacional. La primera expulsión masiva de produjo en 1974… En 1982 eran ya unos 5 mil expulsados y dos años más tarde unos 10 mil.” La cifra no dejó de aumentar, hasta que prácticamente se acabó la disidencia. En San Juan Chamula no puede haber más que católicos tradicionalistas: los demás tienen que vivir en otra parte. Regresamos a la época de la Colonia. La libertad de cultos es letra muerta. Si el asunto fuera cosa del pasado no habría problema. Pero la intolerancia es cosa de todos los días en esa misma zona. Hace un año ocho mujeres evangélicas fueron obligadas a limpiar la suciedad de la cárcel de San Juan Chamula (que no tiene ni baños) porque se negaron a pagar 26 pesos para la fiesta católica. Y los enfrentamientos entre zapatistas, católicos tradicionalistas y evangélicos están a la orden del día. Hace apenas dos meses más de 200 agentes de la policía tuvieron que intervenir en Mitzitón, después de que un enfrentamiento culminó con varios evangélicos y católicos golpeados y un lesionado de bala. En Zinacantán, muy cerca de San Juan Chamula, expulsaron hace menos de un mes a cinco niños de la escuela primaria en la comunidad Shulvó por profesar la religión protestante. A las familias les cortaron todos los servicios (agua, luz), por negarse a cooperar para las fiestas religiosas católicas tradicionales.
El propio gobernador de Chiapas, Juan José Sabines, explicó claramente de qué se trataba la visita: “Después de dos años y un mes, el presidente Felipe Calderón es el primer Presidente que regresa a San Juan Chamula, y regresa cumpliendo su palabra empeñada en pleno respeto a las creencias religiosas y a las banderías políticas.” ¿Quiere decir esto que el Presidente no se mete en lo que suceda allí? ¿Significa que hace caso omiso de las terribles y variadas formas de intolerancia religiosa, social y política? ¿O que está tratando de establecer una nueva alianza con los caciques locales? En cualquier caso, las acciones del Presidente de la República son inquietantes. En efecto, Calderón ya había estado el pasado 6 de abril de 2008 allí. En ese momento era el primer Presidente de la República en visitar en 30 años esta plaza. Había razones para esta ausencia. San Juan Chamula se convirtió desde los 70 en un símbolo de la intolerancia y la perniciosa mezcla entre caciquismo político, persecución religiosa e impunidad. Muchos gobiernos lo único que hicieron fue negociar con los criminales, en lugar de aplicar la ley. Ahora, el presidente Calderón regresa y les habla de Dios. Francamente me hubiera gustado más que les hablara de respeto a la diferencia, de tolerancia, del fin de la impunidad y de los cacicazgos políticos. En lugar de eso, los bendijo a todos.




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